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domingo, 16 de diciembre de 2012

Sinfonía en el mar capítulo seis

Capítulo 6

Marcelo fue desganado como nunca a su clase de violín, tenía los ojos rojos de haber llorado, al ver esto Celeste se preocupó por él:
-cuéntame pequeño, ¿qué te ocurre? Preguntó luego:
-no se leer, señorita Celeste, no se leer; dijo Marcelo llorando y ella lo abrazó:
-¡debí pensar en eso! Sólo me preocupé en enseñarle música, pensó en silencio:
-cálmate pequeño, es fácil aprender, te enseñaré, dijo luego pero el niño lloró más:
-ya no llores:
-esque no debí decírselo, no debo andar por allí de pedilón, ya le he dado mucho trabajo.
Al oír estas palabras Celeste se quedó sorprendida, aquel niño no le estaba pidiendo juguetes, quería aprender a leer y se sentía avergonzado por desear que alguien le enseñe:
-ve a la escuela entonces, allí te enseñarán:
-ya fui y no me aceptaron porque no se leer, debo esperar al próximo año:
-mienttrastanto yo te iré enseñando:
-no, le estoy dando mucho trabajo; dijo él intentando calmarse:
-lo que pasa pequeño, es que cada vez estás aprendiendo cosas más difíciles en el violín y necesito que aprendas a leer, así se me hará más fácil enseñarte, dijo ella intentando convencerlo pero no pudo, Marcelo seguía sintiéndose mal por dar tanto trabajo:
-ya deja de preocuparte, entonces entrarás al colegio al próximo año; dijo y cuando el niño se sintió aliviado comenzó la clase.
Mientras tanto Cati la esperaba en su casa con ansiedad, necesitaba hablar con ella, no tenía a nadie en quien confiar para algo así, doña Chela era una buena compañera de charla mas no muy juiciosa para dar consejos y lo peor era que cualquier cosa que le contaran se esparcía como el viento por todo el pueblo sufriendo diversas metamorfosis que transformaban a los sucesos en ideas alejadas de la realidad y en ocasiones tan enredadas que sembraban intrigas:
-¿qué haré, vendrá? Se preguntaba cuando en eso escuchó el timbre, era Celeste que llegó después de dar clases:
-¡pasa! Pensé que no vendrías; dijo Cati con alegría y la invitó a sentarse en el sofá de la sala:
-dime, ¿cómo te sientes?:
-estoy bien pero no se como va a tomarlo mi suegro, no se como decírselo:
-¿decirle qué? Preguntó Celeste:
-¡lo que me ocurre! Realmente me preocupa mucho:
-¿es grabe?:
-tú sabes que la gente es diferente entre si, los valores morales son distintos para cada persona:
-no creo que haya ningún problema al respecto, don Dimas es un hombre bastante moral:
-¡ese es el problema!:
-¿qué?:
-yo no pienso como él, por eso temo que se arme un lío y en mi condición no podría soportarlo:
-vamos, habla ya, me estás alarmando:
Tú sabes que una cosa lleva a la otra, no es la culpa de nadie, son circunstancias de la vida, la gente juzga mucho, prométeme que no se lo dirás a mi suegro ni a nadie hasta que yo te lo diga:
-está bien Cati; dijo Celeste y se arrepintió de haber hecho esa promesa porque tal vez se convertiría en alcahuete, Cati no parecía una mujer ligera pero nadie sabe lo de nadie, además era chismosa y había estado allí la noche en que su esposo la acusó de infiel delante de todos en la tienda tal vez para ocultar con una cortina de humo su desliz, sus aventuras amorosas, ¿quien sabe? Tal vez esto era una trampa. Todas estas cosas intranquilizaron a Celeste quien sintió un pesar por haber sido la buena samaritana pero al mismo tiempo se dio cuenta de que no podía actuar de otro modo:
-¿crees que mi suegro se enoje? Quizás me tache de inmoral:
-¿por un desmayo?:
-no, por la causa del desmayo:
-¡me estás asustando, dime lo que pasa!:
-me siento muy nerviosa, angustiada:
-¡habla ya!:
-tal vez deba irme de la casa, no se como decirle a mi suegro que:
-¿qué? Preguntó Celeste:
-que estoy embarazada.
-¡felicidades Cati!
Fue grande la sorpresa de Celeste cuando Cati en lugar de alegrarse rompió a llorar, le parecía que las actitudes de aquella joven no tenían sentido, que estaba bordeando el límite de la locura:
-cálmate, no es nada grabe, cuanto quisiera yo tener un hijo:
-yo también pero esque tú no conoces a mi suegro, tiene unas ideas más descabelladas:
-ya verás como se alegra tanto con un nieto:
-¡esque tú no conoces a mi suegro!:
-A cualquier persona le gusta pasar su apellido a la siguiente generación:
-¡claro! No se me había ocurrido, podemos abordar el tema de esa forma pero necesito tu ayuda, Celeste:
-cuenta conmigo, ve preparando a tu suegro:
-¿cómo?:
-habla de su árbol genealógico, de lo buena que es su familia, tu sabes, emplea la zalamería; dijo Celeste dejando aliviada a Cati que se puso manos a la obra para el próximo encuentro de ambas con don Dimas.

*
Leonela decidió una mañana que bernardo no debía comer huevos revueltos con jamón seguido y botó a la basura los que le había preparado Celeste por lo cual se molestó:
-¡no debiste hacer eso Leonela!:
-comer grasa seguido hace daño, estoy cuidando tu salud:
-agradezco tus buenas intenciones pero yo ya soy lo suficientemente grandecito como para decidir, el hecho de que seas mayor que yo no te da derecho a mandar en mi vida:
-entonces haz cosas sensatas; dijo ella y bernardo se fue a otra parte porque se sentía fastidiado con sus sermones, pensaba que se había excedido en su papel de hermana mayor y estaba comenzando a hastiarse.
Pero las cosas no quedaron allí, más tarde Leonela reprendió a Celeste por cocinar tantas frituras y le pidió que ya no hiciera huevos revueltos en el desayuno a lo cual ella dijo:
-tu hermano es el que me ha pedido que le cocine huevos revueltos con jamón:
--si, pero el aceite que tú compras es demasiado dañino, deberías usar aceite vegetal:
-me pones en un dilema, bernardo no quiere que use aceite vegetal, no le gusta:
-tú como su esposa no deberías hacer tantas frituras:
-te repito que él es quien quiere comer eso y no le gusta que le digan que hacer:
-es tú deber como pareja sugerirle que no lo haga; dijo Leonela en tono mandón y acusador:
-bueno, díselo tú:
-no puedo, tú eres la llamada a decírselo y por favor no le digas que yo te he dicho esto porque se enoja mucho:
-verán como se entienden ustedes, a mí no me metan en sus asuntos; dijo Celeste enfadada, se disponía a salir de la habitación pero su cuñada la detuvo:
-tu deber como pareja es velar por el bienestar de mi hermano, sugerirle cosas para su bien y el otro día salió a la calle con ese polo de rayas horizontales que le queda tan feo y no hiciste nada para que se lo cambiara:
-le he sugerido que se compre otro polo pero no ha querido:
-¡debiste insistir!:
-¡no puedo obligarlo! bernardo toma sus propias decisiones y yo las respeto:
-¡se nota que tú no te has enamorado de él!:
-¡no eres nadie para decirme eso!:
-¡no te importa que tu esposo haga el ridículo! Lo dejas como sea, no te importa que quede mal:
-estás exagerando:
-se ve muy mal con ese polo a rayas:
-no es para tanto:
-¡claro, no te importa! ¡no lo quieres lo suficiente!:
-le das demasiada importancia a las cosas externas:
-¡nunca te has enamorado! Dijo Leonela enojada, Celeste pensó que no tenía sentido seguir discutiendo por cosas triviales y se fue a la casa de Cati para dejar de escuchar los extraños y descabellados razonamientos de su cuñada sin saber que allí escucharía disparates descomunales.
Don Dimas la recibió con gran amabilidad, casi con aprecio, la consideraba la mejor mujer del pueblo, la más decente de todas:
-¿cómo le va señora Celeste? Le preguntó:
-bien, gracias, como siempre dándole clases a Marcelo, es un niño aplicado y quiere aprender a leer:
-me extraña que uno de los Aguirre tenga deseos de progresar, ha de ser usted la gestora de tan noble labor:
-oh, no es nada, sólo cumplo con mi deber:
-Cati debería seguir su ejemplo, reformar a los niños perdidos:
-un niño es la esperanza del porvenir y más aún si tiene una familia moral como la suya que le enseñe valores:
-si pudiera rescataría a esos niños y los alejaría del mundo para que no se contaminen, no los enviaría a la escuela porque aprenderían las malas mañas de los demás, mejor es que aprendan con maestros particulares en casa:
-eso no, los niños necesitan tener amigos; dijo Cati:
-ya me imagino la clase de madre que serías hija, no, definitivamente la humanidad ya no debería tener hijos, ¡este mundo está corrompido!:
-si se les cría con valores morales serán gente de bien, además no creo que usted quiera que su apellido se pierda, que quede en el olvido:
-¡prefiero eso a que venga un niño al mundo a corromperse!:
-¡entonces que las mujeres embarazadas aborten! Exclamó Cati:
-¡¿qué dices?! ¡Eso nunca!:
-¡oh, no don Dimas! Eso nunca, es pecado, una abominación para Dios, ¡de ninguna manera! Es preferible cargar con la vergüenza que cargar con la culpa de un crimen, de un asesinato; dijo Celeste agradando a don Dimas quien después le dio un sermón de una hora a su nuera supuestamente para hacerla entrar en razón:
-dile a tu suegro acerca de tu decisión dijo Celeste ya cansada de aquel sermón inútil:
-he decidido tener a mi bebé, no abortaré:
-¡gracias Dios mío! ¡La bendición ha llegado contigo a esta casa, Celeste! dijo don Dimas, estaba absorto por el embarazo de su nuera y por lo que según él iba a pasar si la violinista no estaba allí, en el momento indicado y preciso:
Disculpe, señora Celeste, prosiguió:
-no hay problema, llámeme por mi nombre:
-te conviene ser amiga de esta joven, Cati, es una buena influencia para ti y es tan madura para tener veinticinco años:
-hací lo haré don Dimas; respondió Cati y Celeste pensó por un momento que el mundo se estaba loqueando o que ella era la loca más cuerda que existía.
    
*
En  la entrada del pueblo habían algunas casas de adobe y otras de esteras, pequeñas y modestas que abundaban por los alrededores, Alonso había llegado recién y se preguntaba:
-¿cómo es que hay gente que viene a vivir aquí después de haber vivido en la ciudad? Enseguida vio unas casas de semento más asia el centro del pueblo y se dirigió a ellas, casi todas eran de un piso menos la casa de don Dimas y alguna que otra por allí en donde vivían tres o más generaciones y a diferencia de las casas de adobe estaban bien cuidadas, parecían casitas de muñecas y todas tenían tejado, aunque sea sólo adelante porque algunos dueños decidieron utilizar el techo como azotea pero no dejaron de poner tejas solamente para conservar la tradición.
La brisa del mar apaciguaba el calor costeño que era constante todo el año, como en muchos pueblos las calles eran angostas menos la sona en donde estaba el parque y la parte de la plaza que estaba a regular distancia del parque.
Después de caminar durante unos minutos Alonso llegó a la plaza que no tenía nada de particular, era de semento y tenía una pileta pequeña desprovista de agua que estaba al centro de la misma, luego entró al restaurán en donde una joven negra lo atendió:
   -aquí tiene la carta joven, cuando se haya decidido me hace el pedido; le dijo y Alonso luego de leerla pidió un almuerzo que consistía en una sopa y un lomo saltado:
-los almuerzos se sirven a la una, lo siento joven:
-entonces déme sólo el lomo saltado, sin sopa por favor señorita:
-mejor pida otro plato, no podemos darle sólo el segundo porque es parte del almuerzo:
-entonces déme el almuerzo completo, ya son las doce y media:
-no podemos, tenemos que esperar hasta la una:
-entonces esperaré; dijo Alonso sorprendido por las costumbres de ese lugar y esperó hasta la una de la tarde para poder comer.
Cuando terminó de almorzar fue a la fotocopiadora que estaba a unos pasos y salió a atenderlo un hombre como de cuarenta años que le dijo:
-no se manejar esta máquina, espere a mi yerno, ya vendrá:
-¿cuánto demorará?:
-unas horitas nomás, está en un pueblo cercano; respondió y Alonso siguió su camino porque no estaba dispuesto a perder el tiempo.

Esperanza Gómez-Cornejo Bazán

Sinfonía en el mar capítulo siete


Alonso siguió caminando y al no encontrar la casa que estaba buscando sacó su laptop y verificó la dirección, calle dos m siete, a espaldas de la plaza, una casa blanca de un piso pero nadie atendía la puerta así que se fue a dar un paseo por la playa, en dirección al oeste.
Cuando salió de la calle tres pasó por las casas de adobe que a diferencia de las de semento estaban distanciadas entre si, siguió por un camino recto de tierra que estaba en medio de los cultivos de arroz y vio un regadío que era como un riachuelo en donde nadaba Rodrigo que a ratos no se dejaba ver por las plantas que estaban al borde del mismo.
 Siguió al niño que al final del regadío se lanzó por la catarata de agua saltando por la compuerta a la arena de la playa:
-¡eso es muy peligroso! Exclamó Alonso y Rodrigo se rió como si nada.
De pronto vio una imagen inconfundible, era una mujer hermosamente esculpida por la naturaleza, con un vestido rojo, el cabello Lazio, negro y sedoso que caía como cascada hasta su cintura y parecía caminar en el aire, sin proponérselo sus movimientos eran delicados como los de un cisne, definitivamente era ella, Alonso estaba convencido y la llamó:
-Celeste, Celeste:
-¡alonso! Exclamó ella cuando lo vio:
-es una linda sorpresa; prosiguió:
-vine trayéndote el violín que me encargaste por correo, todo hubiera sido más rápido si me escribías por Internet:
-si amigo pero aún no han puesto Internet aquí, están en eso:
-al paso que va la gente de este pueblo van a poner Internet cuando ya no existan las computadoras sino otro tipo de sistema, jaja, no te preocupes, eres de familia longeva así que verás cuando tus bisnietos usen la Internet para comunicarse con la gente del pueblo:
-jajaja, no exageres:
-de veras, amiga, por cierto, ¿Dónde vives?:
-en cualquier lugar en donde haya oxígeno Alonso:
-no has cambiado nada, aunque más parece que vives en la playa porque no te encontré en tu casa, que bien, así me gusta, nunca te dejes pisar:
-eso depende a que tipo de pisadas te refieres:
-¡me sorprendes! Jajaja, ya te hacía falta dejar la candidez, el matrimonio te ha sentado bien:
-claro que si, amigo Froy, digo Alonso:
-jajajaja, está bien, esa chapa me gusta, ¿recuerdas cuando hablaba de sexo en el conservatorio para incomodarte? Quería que te rasgues las vestiduras como toda una santa:
-si, pero no me incomodabas de la manera en que se incomodaría un santo, por un momento pensé que eras medio degenerado, jaja, esque hablabas de la necrofilia, ¡que asco!:
-¿no me habrás creído? ¿O si?:
-al final no:
-que ingenua eras:
-no, sólo era discreta:
-hay, por favor, si parecía que no sabías como se hacían los hijos, jajá jajá, tenías una mirada tan inocente y nunca te escuché decir una grosería:
-en estos tiempos es imposible que alguien no sepa de esas cosas, si no nos las enseñan en el hogar nos las hacen conocer en el colegio o en la televisión, ya nadie se escandaliza al escuchar esos temas, todo es más natural, estudiamos en colegios mixtos y los hombres ya no andan al asecho detrás de las mujeres, ahora es falso ese dicho de que las amistades entre hombres y mujeres son imposibles, somos más civilizados que antes:
-en eso tienes razón.
En estas y otras conversaciones se les pasaron dos horas, Celeste volvió a sus días de estudiante y casi llora de emoción cuando Alonso y ella tocaron frente al mar un dúo de violines, las olas parecían acompasar aquellas melodías tan enternecedoras.
Esa música suave, sutil pero a la vez profunda acariciaba la tarde con la complicidad del viento que dirigía el vaivén del océano cual director de orquesta y alguna que otra gaviota se quedaba escuchando el sonido de los violines, aquella tarde fue mágica pero todo tiene su final y cuando terminaron de tocar fueron a casa de Celeste.
Mientras tanto en casa de don Dimas había una gran algarabía, doña Narda, la suegra de Cati volvió de su viaje con sus dos hijas y recibieron con alegría la nueva noticia.
Se decían muchas cosas en torno al niño que iba a nacer y no faltaron las reflexiones de don Dimas, detalladas y exageradas, un poco más y escribía toda la historia de su nieto o nieta:
-en este mundo corrompido los niños deben ser constantemente custodiados, te ha tocado una ardua labor, Cati, debes guiarlo por la senda del bien y no dejar que se contamine, recurre a Celeste, ella sabrá aconsejarte, es una santa esa noble mujer y ¡que lindo toca el violín! Alguien que toca ese tipo de música tan limpia, sin nada de malicia sin duda trae algo muy bueno en su alma, ella puede ser su maestra, no necesitas llevar al niño a la escuela donde sabe Dios que malas mañas aprenderá y cuando crezca, ¡que difícil! Hay que ir haciendo planes desde ahora para evitar que se contamine, que no sea como los niños descarriados que hay en este mundo por causa del descuido de sus padres, Cati, tú misma tendrás que reformarte:
-¡¿cómo?! Exclamó la joven molesta cuando tocaron la puerta, era Roberto, su esposo que llegó de manera oportuna cortando la retahíla de don Dimas y evitando de esa manera que hayan problemas.
La pareja se alegró mucho al verse y se fueron a descansar, una vez solos Cati notó que Roberto había bebido y comenzó a llorar:
-nunca habías llorado por eso:
-¿qué voy a hacer cuando mi hijo sufra con un padre borracho? le darás mal ejemplo:
-todos toman, mujer, no tiene nada de malo:
-quiero que mi hijo vaya a la universidad, que sea más que nosotros, ya no tomes; decía llorando.
Roberto la amaba y le dijo que dejaría el licor, mas del dicho al hecho hay mucho trecho y él tomaba casi diario.
-Celeste, tú también busca la manera de irte a Viena, allí valoran el arte, a Bernardo también le iría de maravilla, convéncelo:
-no creo que quiera, le gusta la vida del pueblo:
-allí podrían vivir en un pueblo tranquilo pero con todas las comodidades y también tocarías en una orquesta, no pierdes nada hablándole:
-si, lo intentaré; dijo ella:
 Cuando Leonela llegó se escandalizó al ver que Celeste estaba en la casa con un amigo e inmediatamente fue a buscar a su hermano, caminó un rato hasta que lo encontró en la tienda:
  -¡Bernardo! ¡Celeste está con un hombre! Exclamó y él salió corriendo camino a la casa:
-Bernardo, se olvida lo que compró, ¡Bernardo!; gritó doña Chela pero él no la escuchó, salió tan contrariado de la tienda que tropezó con la vereda de forma tal que cayó al suelo, el golpe lo calmó un poco menguando su ira y llegó a la casa con la rodilla ensangrentada, estaba decidido a pelear con Celeste pero al ver a Alonso se contuvo:
-¡Bernardo! Es un gusto verte; dijo contento y él no salía de su asombro, después de mucho tiempo volvió a ver a Alonso, el violinista que tocó en su primera exposición de escultura, aquel amigo que le consiguió trabajo por un tiempo mientras era estudiante:
-es de muy mal gusto que una mujer casada reciba a un amigo en su casa; dijo Leonela enojada, incomodando al invitado:
Alonso, te presento a mi hermana, Leonela, él es el amigo del que tanto te hablé; dijo Vernardo y ella hizo un gesto desplisente, Celeste no sabía en donde meter la cabeza, estaba bastante avergonzada:
-¿cómo estás? Me alegra verte; dijo Vernardo y Leonela se fue de la sala al sentirse ignorada, no cabía en si misma de cólera.
Pensaba que su hermano debería ser más duro con Celeste, que no hizo bien al permitir que haga entrar a un amigo a la casa cuando él no estaba:
-debo abrirle los ojos a mi hermano, ¡esa estúpida hace lo que le da la gana! Pensaba totalmente airada.
Cuando terminaron de tomar café Alonso se instaló en el hotel del pueblo y durmió plácidamente, como hace mucho tiempo no dormía.
Al día siguiente Marcelo recibió su violín con emoción y en los días sucesivos mejoró notoriamente en su ejecución, Celeste, Alonso y Marcelo prepararon una pequeña presentación en la plaza, el niño tocó dos canciones y los violinistas por supuesto fueron las estrellas, hubo más público de lo esperado, sobretodo algunos burlones que querían ver al lustradorsito de botas haciendo el ridículo pero para sorpresa de todos el niño quedó bien, todos estaban sorprendidos de que en tan poco tiempo hubiese aprendido a tocar algo en un instrumento tan difícil, se requiere tener un excelente oído ya que el violín no tiene trastes como la guitarra, ahora aquel niño mal vestido era considerado un niño talentoso.
Lucía estaba feliz y lloraba de emoción al escuchar como su hermano tocaba junto a su maestra, esas canciones sencillas se escucharon bellas gracias a la magia de la armonía, la niña comenzó a pensar que su hermano tal vez podía ser un buen músico y en un instante lo imaginó en un teatro, algo inalcanzable para ellos, en el pueblo apenas había un salón en donde se hacían las asambleas de la alcaldía con sillas de plástico que regaló la cervecería, después volvió a la realidad y pensó:
-un teatro, no, imposible, tendríamos que viajar a Lima y eso nunca sucederá pero podrá tocar en la calle y ganar algo más de dinero como dijo la señorita Celeste, algo es algo, será mejor no soñar tanto.
Los días que Alonso pasó en el pueblo se fueron rápido, tuvo que regresar a Lima pero prometió volver y contactarse con un amigo que estaba trabajando en una empresa que colocaba Internet, realmente deseaba que los habitantes de ese pueblo se modernicen.

*
-¡¿por qué escuchas mis conversaciones privadas?!, ¡estás invadiendo mi privacidad, mi casa!:
-fue casualidad:
-¡no puede ser casualidad dos noches! ¡Mejor será que te vayas!, ¡si es posible hoy mismo, hoy!, ¡sólo me has traído problemas!:
No seas ingrato, cuando la floja de tu mujer salía yo arreglaba la casa; dijo ella entre sollozos:
-si y ¡tiraste a la basura una escultura mía a medio terminar!, ¡alista tus cosas y vete ya!, ¡vete antes de que las cosas empeoren!, ¡antes de que reniegue de ser tu hermano!, no sabes lo que me ha costado hacer esa escultura, ¡todo un año de trabajo a la basura!.
Leonela no tuvo otra alternativa que alistar sus cosas e irse esa misma mañana en el primer carro con destino a Lima para alivio de Celeste que se sintió feliz de no encontrarla en casa.
El viaje fue pesado para ella pero lo peor fue no poder quedarse en la casa de su prima porque ya tenía visitas aunque más parecía que usaron esa escusa para no hospedarla y tuvo que irse a Arequipa.

Autora Esperanza Gómez-Cornejo Bazán

Sinfonía en el mar capítulo ocho

Capítulo 8

Todo el pueblo se enteró de que Leonela se había ido, en la tienda comentaban muchas cosas:
-es raro que se haya ido de un momento a otro; dijo Elvira:
-dicen que se fue con lino el vendedor; dijo Casilda:
-puede ser, un día la vi sonreír, de hecho que está enamorada; dijo doña Chela:
-¡que bueno! Porque era una amargada:
-hay, pero lo que hiciste Casilda, amarga a cualquiera:
-¿qué ice?:
-corriste el chisme de que Celeste tenía un amante:
-es que parecía, Elvira, ella sale mucho:
-tienes razón, eso amarga a cualquiera, más aún a una mujer enamorada, debe ser feo que tu cuñada sea tu rival, peor aún tratándose de alguien como ella que no tiene tantas oportunidades de conseguir un novio:
-no es fea:
-Elvira, si ella fuese fea ni siquiera tendría familia:
-jajajajajajajajaja, ¡Casilda!:
-con ese carácter y enzima fea, sería imposible de soportar:
-no sea mala:
-si hija, llegó el momento en que yo rogaba para que no viniera a la tienda, Vernardo tiene sus arrebatos pero ella se pasaba de la raya, si les contara:
-cuéntenos doña Chela, cuéntenos; dijeron las jóvenes y la tendera empezó su relato:
-Leonela  siempre estaba molesta, no había día en que dejase de reclamar algo, una mañana vino a devolver los huevos que su hermano había comprado porque eran blancos y según ella alimentan menos que los otros, no se si sea cierto pero el granjero me vendió esos, se le agotaron los otros y por más que se lo expliqué ella no quiso entenderlo y los tiró en el mostrador ensuciándolo, quería que le devuelva el dinero pero no lo hice, ¡de ninguna manera iva a ceder a sus caprichos! Y después de semejante escena se quejó con algunos de que yo no era amable:
-Entiendo que se sienta aliviada por su partida, conmigo no era así de explosiva pero tenía otros defectos que me irritaban:
-¿qué tipo de defectos Elvira?:
-es el tipo de persona que le gusta estar criticando y corrigiendo todo, le dijo a mi madre que siempre hacía lo mismo para vender, pues toda la vida preparaba mazamorra morada, le preguntó si su cerebro no le daba para más en la cocina:
-¡guao, es el colmo de la imprudencia! Menos mal que tu madre es una persona sosegada y toma las cosas de quien vienen, mi novio no es así, ustedes saben que su apodo es caballo, por su forma de caminar y la necia de Leonela le preguntó el porqué de su apodo a lo cual Bladimir le dijo que dejara de faltar el respeto a los demás y que metiera algo en su cerebro, la situación fue tan incómoda que tuvimos que irnos de la asamblea:
-claro, por eso Casilda y Bladimir no estuvieron cuando hablamos acerca de la posibilidad de poner una cabina de Internet en el pueblo:
-sería maravilloso, podría comunicarme con mis hermanos y amigos, tal vez ellos sepan de algún médico que quiera operar a Bladimir para que pueda caminar bien:
-hasta tú podrías averiguar muchas cosas y quizás contactarte con médicos, la Internet es uno de los mejores inventos; dijo Elvira.
En eso una mujer de setenta años entró a la tienda, no tenía apuro así que esperó que terminaran de conversar, un hombre anciano de mirada sabia entró después y los ojos de ella se quedaron fijos en los suyos:
-nunca lo había visto, ¿usted no es de aquí?:
-no señora, recién llegué ayer:
-Dígame doña Gertrudis, ¿qué le doy? Dijo doña Chela interrumpiendo ese momento tan importante para ella:
-déme un kilo de azúcar; respondió ella:
-¿usted qué llevará señor?:
-nada; dijo el anciano y después de intercambiar algunas palabras con doña Chela los dos ansíanos se fueron de la tienda cada cual a su lugar.  
Celeste le estaba enseñando a leer a Marcelo de una forma disimulada:
-Aquí dice piano, eso quiere decir que debes tocar despacio, la p con la i suena pi, con la a suena pa, ¿cómo sonaría la p con la e?:
-el sonido sería pe señorita:
-¡muy bien! Aprendes rápido, ahora te dejaré un libro de música para que estudies; le dijo y le dio un libro de teoría musical que Marcelo podía leer en parte y le pidió a Lucía que lo ayudara con el resto:
-La negra vale un tiempo, la corchea vale medio tiempo; leía la niña. Haber toca una corchea hermanito; prosiguió y en eso escucharon llegar a Marcela, rápidamente escondieron el libro entre los colchones de la cama y Lucía volvió a su costura:
-¿qué hace aquí Marcelo? Preguntó Marcela:
-acaba de llegar; dijo Lucía:
-espero que hayas ganado algo hoy:
-gané cinco soles y cincuenta séntimos por tocar una canción:
-por fin el violín está dando sus frutos, que bueno; dijo la chica y se fue a la cocina, Lucía respiró aliviada, un poco más y su hermana los encontraba con las manos en la masa o mejor dicho en el libro.
Marcela trataba de hacer las cosas bien pero sus cortos quince años no le daban la sabiduría que necesitaba para sacar adelante un hogar, era demasiado estricta en cosas que no debería y no se daba cuenta de las cosas alarmantes que estaban ocurriendo con Rodrigo, la mayor parte del tiempo no llegaba a almorzar, ella pensaba que era lo suficientemente independiente como para arreglárselas solo y no le daba mucha importancia a su actitud, más renegaba si Marcelo pasaba mucho tiempo con el violín dejando de trabajar y cuando Pablo y José se dedicaban a jugar al trompo en lugar de ir a vender refrescos, definitivamente Marcela no estaba enterada de lo que estaba pasando, incluso les decía a sus hermanos que deberían seguir el ejemplo de Rodrigo que era independiente y no daba problemas, claro, después del incendio en la vereda ya no podía decir lo mismo porque sus hermanos se lo recordaban con insistencia, la buena imagen de Rodrigo se había ido al suelo para todos, para Marcela no tanto pero ya no era alguien a quien se pudiera poner de ejemplo.
Cati estaba bastante susceptible por el embarazo y coincidentemente Roberto había comenzado a beber más seguido, gran parte de lo que ganó trabajando en los otros pueblos como carpintero y en las chacras lo gastó en licor, a pesar de las promesas sinceras que hizo las cosas seguían iguales, la gota que derramó el baso fue cuando una noche llegó ebrio y se molestó tanto con Cati que rompió una silla:
-¡me voy, no quiero vivir con un hombre así! Es imposible:
-¡Roberto! ¡¿Qué pasa?! Hijo; dijo doña Narda alarmada:
-cati se va, jajajajajajajajajaja:
-¡no, está embarazada!:
-ya oyó señora, no le importa su hijo ni yo; dijo Cati llorando:
-espérate hijita, no te precipites, está borracho:
-Por eso me voy, ¡mírelo! Me prometió que dejaría de tomar y sigue con el visio, gastó todo el dinero que era para el bebé y el parto:
-te entiendo Cati, se que no está bien lo que hizo, mañana hablaré con él pero ahora mejor descansa, no es bueno que te desveles en tu estado:
-está bien doña Narda; dijo la joven y se fue a dormir.
-podemos acampar aquí, ahora entiendo porqué te gusta venir a las rocas, es un lindo lugar, la espuma del mar resalta en la oscuridad de la noche:
-si, imagino que el mar es una orquesta mientras toco el violín:
-toca algo para mi por favor; dijo él y ella tocó una pieza romántica que enterneció a Vernardo, después se quedaron abrazados largo rato, aquella noche fue inolvidable porque sus corazones latieron juntos de nuevo, junto al mar.
A la mañana siguiente Cati no estaba, se había ido como lo prometió, dejó una nota que Roberto leyó y con desesperación les pidió ayuda a sus hermanas para ir a buscarla:
-¡cállate! ¡Tú tienes la culpa! Pobre Cati, no le digas nada a nuestro padre, harás que la odie injustamente, tú has ocasionado esto; dijo una de sus hermanas:
-Hilda, ella es la ingrata, vengo a quedarme después de tanto trabajar y me paga tan mal, abandonándome:
--anoche viniste borracho, hiciste un escándalo, tu esposa está embarazada, no debes darle disgustos, es desconsiderado de tu parte, ¡rompiste una silla! Pobre Cati:
-no recuerdo nada; dijo Roberto sorprendido:
-ojalá sea verdad:
-tú sabes que no soy mentiroso:
-si pero los vicios cambian a la gente y tú estás enviciado:
-eso no es cierto:
-desde que llegaste te he visto tomar todos los días, estás repitiendo la misma historia de mi padre, ahora recién se le ha dado por no tomar, por su salud, en buena hora pero el daño ya está hecho, pobre nuestra madre, ¡Cuánto ha sufrido! No hagas lo mismo:
Al oír esas palabras a Roberto se le vinieron a la mente algunos sucesos de su infancia.
Los hombres del pueblo se habían reunido para jugar un partido de fútbol en la cancha deportiva de la alcaldía y no faltaron las cervezas que ivan y venían, la reunión se prolongó hasta la noche, doña Narda quería irse porque sus hijos eran pequeños pero don Dimas no le hacía caso:
-vámonos papá tengo frío y sueño; dijo Roberto y su padre lo empujó:
-¡no sabes criar a tus hijos! Quieren fiscalizar a su padre, ¡que niño tan irrespetuoso! Gritó luego y doña Narda no hizo otra cosa que agachar la cabeza mientras Roberto lloraba asustado.
Luego recordó la ocasión en que su padre ebrio renegó cuando doña Narda le pidió que vayan a la casa porque quería entrar al baño, fue humillante porque le dijo:
-¡que fregada eres! ¡¿Quieres que te fabrique un inodoro?!  A la próxima te traigo un basín para que no andes de quejona.
¡Ho no! ¡Roberto no podía ser tan malo! Esa idea lo estremeció, amaba a su esposa y salió a buscarla con Hilda.
La encontraron en el terminal esperando el carro que la llevaría a Lima, no tuvo tiempo de alistar todas sus cosas así que llevaba sólo un maletín pequeño:
-¡Cati, mi amor! Exclamó Roberto:
-¡vete, no quiero verte!:
-perdóname, todo va a cambiar, es enserio; suplicaba él realmente arrepentido pero ella no le creyó y subió al ómnibus dejándolo descorazonado.

Autora Esperanza Gómez-Cornejo Bazán 

sinfonía en el mar capítulo nueve

Capítulo 9

Eran las siete de la mañana y Noemí, la joven negra que atendía en el restaurán de la plaza limpiaba la mesa en donde Cati había desayunado:
-¿qué habrá pasado muchacha? Cati estaba llorosa y se fue intempestivamente:
-ve to a saber doña Ger, seguro ya se pelearon, esque el Roberto chupa mucho pues:
-hay muchacha, ya te he dicho que no me digas doña Ger, mi nombre es Gertrudis y ya deja esa mala costumbre de hablar con jerga, en mis tiempos ¡que iba a hablar uno así! Dijo doña Gertrudis:
-me la pone muy difícil, ya nadie se acuerda de sus tiempos:
-jajajaja, muchacha tonta, cuando tengas setenta años ojala hayas ganado todos los conocimientos que yo, trato de instruirte pero parece que sólo te importa perder el tiempo con ese jovencito, idilio:
-se llama Idalio doña Ger, digo Gertrudis, perdón, doña:
-ya olvídalo niña, el caso es que es tu idilio:
-ya ve, uté también habla con jerga además en sus tiempos también hablaban así:
-no muchacha:
-¿entonces porqué la letra de ese vals? Ese que dice yo la quería patita, era la Gila más buena moza del callejón:
-porque no faltan los que malogran nuestro lenguaje y los compositores en algunas canciones dan a conocer la forma de hablar de la gente sin cultura, sigue limpiando, voy a la cocina a ver el agua; dijo doña Gertrudis y dejó a Noemí sola.
No habían clientes, el único que llegó fue Idalio quien como siempre la miraba deslumbrado, pues la chica tenía un bello cuerpo, hermosos ojos y aunque de cara no era bonita tenía una gracia imnata ya sea por su mirada o por la simpatía que irradiaba, Noemí a sus dieciocho años se había convertido en la chica más codiciada de su calle pero Idalio era el único que había ganado su cariño lo cual hacía más interesante aún esa relación:
-dame un desayuno pe, de aquí me voy a la chamba:
-espérame, te lo traigo; dijo ella y sacó de la cocina un baso de leche con un pan:
-gracias preciosa, toma la marmaja, dos soles como siempre:
-gracias, ¿qué tal la chamba?:
-más o menos, dice el camayo que la caña de azúcar ha bajado de precio pero igual me van a pagar mi jornal completo:
-que bueno, es lo justo; dijo ella.
Mientras tanto en casa de los Aguirre Marcela se disponía a salir cuando vio a Rodrigo cargando un costal de manzanas:
-¿de dónde sacaste esa fruta? Preguntó:
-de mi negocio, es para vender; dijo él algo nervioso y luego sonrió:
-¡para que aprendan! Muy bien hermanito, pronto serás el hombre de esta casa; dijo Marcela orgullosa:
-algo aquí me huele mal; pensó Lucía:
-ya me voy; dijo Rodrigo luego y se fue tambaleando un poco por el peso del costal, pues a sus once años no tenía tanta fuerza y además era bastante delgado:
-no sabemos por donde anda, deberíamos estar más pendientes de él; dijo Lucía:
-como siempre tú tan suspicaz, haber, ¿porqué no vendes tanto como Rodrigo? ¿Por qué a veces me tienes que pedir dinero para comprar hilo? Preguntó Marcela y Lucía no pudo más que quedarse callada, en sus ojos pequeños se dibujaba la vergüenza:
-cuidado con la envidia, eso no debe haber entre hermanos:
-no Marcela, Lucía no es una envidiosa y tiene razón, deberíamos vigilar a Rodrigo; dijo Pablo:
-él no para jugando al trompo como tú, por eso gana más:
-de todas maneras, acuérdate del incendio en la vereda:
-puede enmendarse, mejor apúrate con los refrescos para que vayas a vender; dijo Marcela y nadie dijo nada más porque sería perder el tiempo, era una chica muy obstinada.
Después de que Idalio se fue no hubieron clientes hasta las diez de la mañana cuando aquel forastero anciano entró al restaurán y se sentó a la mesa con el sombrero puesto:
-buenos días señor, aquí le dejo la carta, cuando sepa lo que va a pedir me llama, estaré pendiente de los clientes que puedan venir:
-ya jovencita; dijo él y mientras leía la carta se dio cuenta de que era el único cliente.
 Doña Gertrudis lo vio desde la cocina y se puso más empeñosa en el preparado de los alimentos, una sonrisa se dibujó sin darse cuenta en sus labios y le dijo a Noemí que atendiera bien a los clientes, que vaya a preguntarle al señor que se iba a servir, ella fue a la mesa en donde estaba él y casi como si fuera una grabadora dijo:
-¿qué se va a servir señor?:
-un lomo saltado por favor:
-ese plato se sirve en el almuerzo a la una de la tarde y viene con sopa:
-haga una esepción por mí, no he comido desde ayer:
-pida otra cosa, no podemos darle sólo el segundo:
-entonces déme tallarines:
-eso se sirve en la sena; dijo la chica, doña Gertrudis salió de la cocina y muy solícita dijo:
-pida lo que desee señor:
-no se preocupe, vendré a la hora de almorzar:
-si señor, porque el lomo saltado se sirve a la una:
-le prepararé un lomo saltado ahora mismo; dijo doña Gertrudis y le hizo una seña a Noemí para que se callase pero el forastero ya estaba algo enfadado, dijo que regresaba a la una y se fue del restaurán.
Cuando estuvieron solas doña Gertrudis riñó a Noemí quien no salía de su asombro:
-usted me dijo que los almuerzos se sirven a la una:
-si, ¡pero tienes que saber con quien haces una esepción! Por el estómago se les conquista a los Ho, a los clientes:
-si señora, tendré más cuidado; dijo Noemí:
-pa mí que ya se templó, a la vejez viruelas, como decía mi abuela; pensó luego.
Efectivamente a la una el forastero volvió al restaurán para alivio y contento de doña Gertrudis que envió a Noemí con el almuerzo a la mesa en donde se sentó el señor:
-está bueno el combo que le hemos dado al caballero, bien servido pa. que se vaya bien papeado, ya sabe, esta es la mejor comida del pueblo, venga siempre:
-¡¿qué es esa forma de hablar?! Estás incomodando al señor:
-déjela doña Gertrudis, es amable la muchachita:
-¿cómo sabe mi nombre?:
-nos conocimos en la tienda y oí que le decían doña Gertrudis:
-claro, ya recuerdo, ¿cuál es su nombre?:
-Francisco, para servir a esta bella dama:
-creo que llamaré a la violinista; pensó Noemí, después llegaron unos cuantos clientes y la conversación entre don Francisco y la dueña del restaurán se hizo amena.
Roberto estaba desesperado, había perdido a la mujer que amaba y ni siquiera podía comunicarse con ella por el celular pues lo tenía apagado, las horas se le hacían eternas y lloraba todas las noches a solas en su dormitorio, pasaron cuatro días sin saber nada de Cati y tuvieron que decirle a don Dimas que había viajado por algo urgente, era mejor así ya que si le decían la verdad él odiaría a su nuera y la juzgaría de la peor manera.
Duró poco sobrio y en la noche se fue al bar con dos amigos, según él era lo único que podía hacer para olvidar sus penas, en eso entraron al bar Hilda junto con su hermano Daniel para llevarlo a la casa:
-¡vamos Roberto! Dijo Hilda:
-déjame, ¿no vez que me estoy disipando? Mi mujer no me quiere, me abandonó; dijo él y comenzó a llorar:
-será mejor que vayas a descansar; dijo Daniel:
-¿quién es este?:
-Soy Daniel, tu hermano:
-no te había reconocido; dijo Roberto sorprendido:
-Nuestro hermano acaba de llegar, mejor vamos, estás mal; dijo Hilda y se fueron a la casa.
A la mañana siguiente sus hermanos le llamaron la atención por tomar tanto pero él no los escuchó, tenía la mente en blanco y el malestar de la resaca no lo dejaba así que se quedó dormido hasta las seis de la tarde, en los dos días siguientes Roberto iba al bar y sus hermanos estaban desesperados con esa situación.
Esa tarde no fue la esepsión y le dijo a Vernardo que no se puede generalizar y que ella iba a seguir con sus proyectos, después le dio una taza de té:
-deberías haber hecho sánguches, este té es mala gracia:
-entonces haz unos sánguches; dijo ella algo disgustada por la forma en que él le habló:
-eres desatenta; dijo Vernardo mientras sus ojos redondos miraban con impaciencia, estaba a punto de estallar de cólera pero se contuvo, era bien parecido, tenía facciones finas mas cada día su rostro se veía más rudo por la expresión iracunda de sus ojos que acentuaba su nariz recta y algo prominente.
Celeste no comprendía porqué se impacientaba tanto por cosas tan pequeñas como que el arroz esté ligeramente quemado, por no tener toda la ropa que se iba a poner sobre la cama, porque llovió de pronto o porque sus medias no estaban totalmente secas, mientras ella se reía con esos pequeños impases de la vida cotidiana él renegaba.

autora Esperanza Gómez-Cornejo Bazán 


miércoles, 2 de marzo de 2011

Sinfonía en el mar (primera parte de la novela capítulo diez)

Sinfonía en el mar
Autora Esperanza Gómez-Cornejo Bazán

Capítulo 10

En la tienda la conversación era novelesca:
-ayer en la tarde Hilda fue a casa de Celeste, seguramente a decirle que deje de estar detrás de su hermano; dijo Cacilda:
-parece que con el violín en lugar de encantar a las serpientes encanta a los hombres, es increíble lo que puede lograr con sus encantos, ¡Cati se fue por su culpa! Dijo Elvira:
-cualquier cosa se puede esperar de alguien que casi le quita el novio a su cuñada estando casada:
-es verdad doña Chela y lo más extraño de todo esto es que don Dimas la considera la mejor mujer del pueblo:
-a mí no me extraña, he visto tantas cosas que me imaginaba que esto iba a ocurrir, lo que sucede es que don Dimas está enamorado de Celeste:
-¡no creo doña Chela! Es demasiado mayor para ella:
-por eso mismo, se siente joven a su lado:
-pero es tan puritano:
-es sólo una máscara, en el fondo es el más corrompido:
-pobre doña Narda, ni a su edad puede estar tranquila:
-ya está acostumbrada a sufrir, es una mártir, en el fondo se siente bien con su papel de mujer abnegada, para ella ser maltratada la convierte en una noble heroína, ayá ella, es una tonta:
-lo que pasa es que ya es mayor:
-siempre ha sido así, desde que tenía la edad de ustedes, yo no, al contrario, a mis cincuenta años me he convertido en la mujer más indómita que existe y ustedes que son jóvenes, no sean tontas, nunca se dejen tratar mal por nadie.
Por fin doña Chela dijo algo sensato entre todos los chismes disparatados que decía y aún que tenía algunos atisbos de sumisión propios de las mujeres de su generación llevaba una relación bastante sana con su esposo.
Mientras tanto Cati meditaba en la habitación del hotel acerca de su futuro, el dinero se le estaba agotando y no encontraba trabajo, Lima era una ciudad demasiado movida para alguien que vivió toda su vida en un pueblo tranquilo, tenía miedo de los asaltantes, más aún en la zona en donde estaba, ella misma vio el día anterior como encañonaron a una joven y la metieron a un carro, ¡que susto! Sabía que debía buscar otra zona en donde establecerse pero para ello debía ahorrar dinero porque una zona más segura era más costosa:
-No encuentro trabajo y hací dicen que Lima es la ciudad de las oportunidades, algunos hasta se atreven a decir que aquí se venden piedras, antes quizás, ahora la cosa está difícil, pensaba Cati mientras salía de la habitación con el ánimo por los suelos.
El canto de las cuculiz la acompañó hasta afuera del hotel, luego tomó un ómnibus que la llevó al centro de Lima y para matar el tiempo se puso a recorrer tiendas, el sonido de los carros y la gente que caminaba con cuidado siempre alerta la preocupaban y al mismo tiempo la hacían pensar en las innumerables cosas que podía vender como ambulante, pero no tenía capital.
Fue grande su sorpresa cuando en una tienda de cosas para el hogar vio que se vendían piedras a modo de adorno, esto le daba esperanzas y se puso a juntar piedrecitas del mismo tamaño, las más bonitas que encontraba para venderlas en los días sucesivos.
A diferencia de Lima la vida de aquel pueblo era tranquila y tenían tiempo para conversar largamente, en el restaurán doña Gertrudis escuchaba impaciente la plática de Idalio y Noemí:
-no sabía quel Rodrigo trabajaba recogiendo manzanas, al fín siquiera ta chambeando, lo único que sabía hacer era vagar:
-Es un sapo, no se como encuentra la manera de conseguir comida:
-Es un choro Noemí:
-nunca lo he visto robarse nada:
-Él mete floro mientras el Lucas se chorea las cosas, así le chorearon un sombrero a Amaranta y como es caída del palto la pobre ni cuenta se dio:
-no es caída del palto, creo que está rayada, ella es media rara:
-si pe, de eso se aprovechó el chibolo, ¿en donde estarán sus padres?:
-los abandonaron, los cuida Marcela, ni jilea por ver a sus hermanos, pobrecita, a veces me pide que le regale las sobras de la comida, lo bueno es que el Marcelo gana un poquito más tocando canciones:
-pero sigue con el pantalón café y el polo amarillo de hace dos años, ya le está quedando corto; dijo Idalio:
-Hola linda, ¿tienes algo para jamear? Baratito no más, lo que queda del desayuno; dijo un chico de quince años que entró al restaurán:
-si, ahorita te traigo; dijo Noemí y fue a la cocina:
-¿Qué tal chino? Preguntó Idalio:
-Aquí pe, chambeando pero lo más difícil es conquistar a la Marcela, es demasiado serial:
-Ya olvídala, si en un año no te ha hecho caso no te va ha hacer caso nunca:
-quizás un día atraca, mi tía dice que cuando una mujer dice que no en realidad es que si, además ahora está friqueada por lo de sus padres, ya se le pasará y se dará cuenta de que la vida sigue y puede tener enamorado, si sus viejos los abandonaron más bien tiene toda la libertad del mundo:
-No chino, estás en otra, ahora ella tiene que cuidar a sus hermanos, tiene muchas responsabilidades y si ella te ha dicho que no es porque nica contigo, te ha choteado mil veces, mejor búscate otra jerma:
-Me templado pe, no puedo olvidarla:
 -no se que le vez a esa flaca si ni siquiera es bonita, parece un palo:
-¡no hables así de la Marcela! Claro que es bonita y tiene una bos linda:
-habla como soldado, ya búscate una gila que si te haga caso, la Lucha se muere por ti y tú ni le das bola:
-dice mi tía que la lucha es una basilonera:
-jugadora, chino, eso de basilonera ya pasó de moda, tu tía está bien atrasada, además no es cierto, nunca debes creer los chismes que se dicen en la tienda, es puro floro:
-Aquí te traje un sánduche y jugo de manzana, está dos lucas, si quieres más jugo me pagas una china aparte; dijo Noemí:
-estos muchachos hablan pura jerga, don Francisco, ¡están malogrando nuestro idioma! Dijo doña Gertrudis:
-esa es la manera en que evoluciona nuestro lenguaje:
  Es una forma de hablar propia de la gente inculta, a, muchachos:
-sabe, no estoy muy de acuerdo con la palabra inculto, todos tenemos cultura:
-si fuera así don Francisco, no habría gente que habla con jerga:
-precisamente la jerga es parte de su cultura, existen muchas culturas en nuestro país distintas a la nuestra:
-hay gente que cree en tonterías, imagínese, a una ahijada que tuve le hicieron el rotuche y la pobre niña quedó trasquilada:
Pero eso no quiere decir que esa gente no tenga cultura por no ser como nosotros:
-usted habla así porque es historiador y sociólogo pero es mejor hablar con propiedad manteniendo las buenas costumbres, con un sentido común para lo estético:
-le confieso que me agrada su forma de hablar doña Gertrudis; dijo él agradando a su interlocutora.

*
Allí estaba, tendida en la vereda, era una jovencita hermosa de cabello rubio, parecía una muñeca y en otras circunstancias para Manuel habría sido grato verla, mas aquella noche, cubierta de vómito, sólo inspiraba lástima.
La gente pasaba sin mirarla, el apuro era tal que no se detenían a observar la decadencia tendida en el suelo y una chica distraída le pisó una pierna pero ella estaba tan ebria que no hizo nada.
Manuel no pudo ser indiferente, se acercó y en vos alta le dijo:
-Esta calle es peligrosa, mejor ve a tu casa.
Al ver que no respondía, la tomó de la parte alta de la cabeza, justo la zona que estaba limpia, la movió un poco y cuando despertó le preguntó por sus amigos y ella no supo dar razón, esto preocupó a Manuel bastante pero no pudo hacer nada.
Unas horas más tarde aquel joven tranquilo de dieciocho años se vería envuelto en la que sería la primera de muchas borracheras.
Las fiestas y reuniones de fin de semana se convirtieron en un hábito para Manuel al igual que las bebidas alcohólicas, en poco tiempo su estilo de vida cambió y cuando su madre o algún amigo le decía que deje de beber él lo meditaba llegando siempre a la conclusión de que quería seguir bebiendo y que no era tan malo, después de todo la embriaguez era agradable.
Su forma de ver la vida había cambiado, quien iba a pensar que el licor transformaría su forma de pensar y sentir.
Los consejos en contra de la bebida resonaban en sus oídos como algo razonable pero soso y vacío al igual que las frases clichés que se dicen por decir.
Ante el letargo de un mal hábito, los sentimientos de culpa sucumben como el fuego bajo la lluvia, con el tiempo Manuel estaba convencido de que tomar era parte de la sosiabilisación, un compromiso ineludible, que podía dejar de beber en cualquier momento pero que en esa etapa de la vida no deseaba ni era necesario dejar esa práctica tan placentera, en cinco años su Visio por el licor dio un giro insospechado a su vida, se dio cuenta de que era uno más de los que estaban siendo arrastrados por la corriente parametrada de la sosiedad, esa sociedad que te dice que debes tomar en una fiesta, que por ser joven tienes derecho a divertirte embriagándote, de lo contrario no tendrás experiencias en la vida.