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sábado, 22 de diciembre de 2012

Sinfonía en el mar capítulo uno

Autora Esperanza Gómez-Cornejo Bazán

Capítulo 1

Llegaron al pueblo pezquero Bernardo y Celeste a pasar su primera noche juntos, se veían felices como la mayor parte de recién casados. La joven era hermosa, de apariencia frágil, delicada, no parecía pertenecer a aquel lugar de gente simple y ruda. Sus manos bien cuidadas y su estilizado andar contrastaban con el agreste estilo de su resiente esposo, pero así es el amor, lleno de contrastes.
Ella era una talentosa violinista que soñaba con tocar algún día en la orquesta de Viena, pero el amor ancló su corazón en aquel pueblo que lejos de incomodarla la inspiraba para escribir y al cavo de tres meses publicó el que fue uno de sus mejores libros de poemas, al parecer había nacido para florecer en cualquier lugar.
Bernardo era un escultor poco conocido que se sintió disminuído por el resiente allazgo de su esposa y le dijo que no podía viajar a Lima por falta de dinero, mas ella viajó de todas maneras, con un dinero que tenía ahorrado. El no supo como reaccionar, pues era un imprevisto que hirió su orgullo.
Dado que los pasajes ya estaban comprados, la pareja viajó a Lima, Bernardo no tuvo otra obción que felicitar a su triunfante esposa luego de su presentación. La sala se llenó de público, más de lo esperado y las críticas fueron alentadoras, era según los críticos literarios, una poeta que emergía triunfal, con pasos ajigantados asia la sima:
-¡y pensar que no estudió literatura!, dijo el literato que tuvo el honor de hacerle el prólogo.
Las felicitaciones iban y venían, después alguien corrió por la sala el rumor de que la nueva escritora era violinista y le pidieron que los deleytara con su música, a lo cual no se hizo rogar y precavida como siempre había llevado su violín, lo sacó del estuche y tocó para todos algunas piezas de Mendelson.
Mientras las notas del violín ivan conmoviendo a la audiencia, en el corazón de Bernardo crecía una cólera ilógica, que rozaba la envidia:
-no tiene sentido que tenga estos pensamientos de mi esposa; pensaba, pero día a día con cualquier logro de Celeste esos sentimientos se acrecentaban.
Cuando hubieron regresado a su pueblo, Celeste siguió tocando para si misma:
-¿qué melodía es esa?, no tiene mucho sentido:
-ha, es una parte de la novena sinfonía de Beethoven, jaja, tienes razón, esta parte no es muy entretenida, ¡pero que maravilloso es escucharla con la orquesta y el coro!:
-si, porque tu violín se siente insípido; dijo él con arrogancia:
-yo no lo siento así, vuelvo a mis días de instrumentista, vienen a mi mente vívidamente las melodías contrapuntísticas del barroco cuando toco obras de Bash y me sumerjo en el mar de acordes estruendosos cuando toco por ejemplo la quinta sinfonía de Beethoven, ¡amo la música!:
-lástima que aquí no haya una orquesta, dijo él:
Justo en eso estaba pensando, creo que enseñaré violín a varios niños de aquí, los haré tocar y traeré profesores que les enseñen violonchelo, contrabajo y mientras tanto voy aprendiendo viola, será lindo formar una orquesta de cámara aquí; dijo ella entusiasmada:
-sueñas demasiado, dijo él con cierto desdén y salió al patio, dejando a su esposa sola que se incomodó con su actitud cortante y seca.
Al paso de los días a Vernardo se le acercaban muchas personas del pueblo, a felicitarlo por los triunfos de su esposa:
-no es para menos, un escultor como usted, tenía que casarse con una artista tan destacada como ella, hizo una buena elección, propia de un hombre inteligente; le decían y Bernardo al sentirse alagado, ya no alimentó en su alma la envidia que había comenzado a sentir por Celeste sino, que se alegraba de haberse casado con tan extraordinaria artista y hablaba de su talento con sus amigos.
En la tarde llegó al pueblo Leonela la  hermana de Vernardo para quedarse unos días, Celeste la recibió con amabilidad y le acomodó una cama en la salita de estar, después de que se instaló fueron a almorzar:
-¿Qué tal el viaje hermana?:
-Bien gracias, sabes que ir en carro es pesado, pero no hubo ninguna novedad, ¿tú cómo estás?:
-Bien, para nosotros si han habido novedades, te cuento que Celeste publicó un libro de poemas y piensa formar una orquesta de cámara aquí; dijo él contento:
-Claro, ella es de una familia adinerada, por eso puede; dijo Leonela con cierto aire de amargura:
-Por cierto, pásame la sal que esta comida está fea, prosiguió.
Celeste no comprendía las actitudes de su cuñada y procuró no tener roses con ella, pero no pudo evitarlo, ya que al mes que estuvo alojada comenzó a controlar las salidas de la pareja, acusando a Celeste de mala anfitriona y de descuidar la casa. El propio Bernardo, comenzó a sentirse intimidado y cada vez que salía con su esposa, le decía a su hermana que iba a trabajar, para que esta no se molestara con él y tanto fue el asedio, que los esposos poco a poco dejaron de salir juntos, hasta que por la costumbre se perdió el romance.  
La tensión en la casa iba en aumento y la visita de Leonela se prolongó tres meses, los cuales fueron difíciles, porque comenzaron a pelear por nimiedades.
Celeste se sobresaltaba cada vez que había una pelea, pues nunca vio a su familia disgustarse tanto y con tanta frecuencia, nunca hubiera creído que en un pueblo tan tranquilo y alegre encontraría la infelicidad.

 *
Cierta mañana, Celeste salió a observar el pueblo y para atraer a la gente comenzó a tocar en la plaza, no tardaron mucho en rodearla y cuando terminó de tocar, un joven quiso darle limosna:
-No gracias, sólo quería hacerles una demostración de lo que se puede hacer con el arte, imaginen, si un violín suena tan lindo ¿cómo sonarán varios violines?, dijo ella con amabilidad, cayendo simpática a los presentes:
-¿Va a llegar una orquesta sinfónica aquí?; preguntó una de las mujeres, que estaba en el público:
-No, cuanto quisiera yo, pero he venido para saber, si a alguien le gustaría aprender a tocar el violín:
-¡Yo quiero, yo quiero!; dijo un niño de 7años, con gran entusiasmo:
-¿En donde están tus padres?, dime, para pedirles permiso:
-Están trabajando, lléveme no mas señorita; mientras tanto, la gente comenzó a irse y por allí se oyó un rumor:
-Marcelito tocando violín, no me lo imagino, no podrá comprar uno, además con esas manos tan sucias, lo embadurnaría:
-Te espero aquí con tus padres, ¿cuándo puedes venir?:
-Ellos no pueden dejar su trabajo, vamos a su casa nomás señorita:
-No sin la autorización de tus padres, tú dime cuando vas a venir, para que me des una respuesta:
-Ahora en la tarde estoy aquí, pero venga señorita, porque quiero aprender violín:
-Ya hablaremos niñito, en la tarde nos vemos; dijo Celeste y se fue.
-¡¿En donde has estado?!:
-Buscando gente para la orquesta:
-¡Pero ¿has creído que puedes descuidar la casa y a tu marido?! ¡la casa es una porquería!; gritó:
-No me grites:
-La comida está quemada:
-Te pedí que por favor apagaras la hornilla:
-Esa es tu función como esposa:
-No acordamos eso cuando nos casamos, dijiste que me ibas a ayudar:
-¡Pero la realidad es otra, la mujer es de la casa!, pero tú te crees una princesa, ¡claro, la gran artista que sólo piensa en su carrera!:
-No creí que apagar una hornilla te resultaría tan difícil y denigrante, ¡eso es egoísmo de tú parte!:
-Eres tú la egoísta, ¡la que no cumple en el hogar!:
-Somos un equipo; dijo Celeste y Leonela se acercó diciendo:
-Yo por mi hermano haría cualquier cosa, ¡parece que no lo quieres!, ¡no lo atiendes bien!:
-¡No te metas en esto, Leonela!:
-¡A mi hermana no le faltes el respeto!:
- Ella no es parte de nuestro matrimonio, no debe inmiscuirse, ¡nos está afectando!.
Al oír esto, Leonela, rompió a llorar mientras decía:
-¡Mejor será que me vaya!, para no estorbar:
-¡Vez lo que causas!, ¡discúlpate con mi hermana!:
-¡Eso no!, ¡ya ha provocado muchos problemas!.
La discusión duró toda la tarde, esa noche Vernardo y su hermana, salieron a senar a un restaurán y en los días sucesivos hacían a Celeste a un lado, inclusive la sacaban de la sala o la cocina para conversar a solas sin tener encuenta que esa era la casa de ella también.
Celeste trataba de arreglar esa situación, pero de ninguna manera iba a dejar sus proyectos y Bernardo no estaba dispuesto a apoyarla, sus cálculos salieron mal, pensó que al llevar a su esposa a vivir a un pueblo pequeño, dejaría su carrera para dedicarse a la casa y a él, pero no fue así. Encolerizado por su frustración, día a día se volvía más absorbente y ella se alejaba más, aunque estuviese presente.

*
Marcelo no llegaba a la plaza ase como tres tardes y eso a Celeste le preocupaba:
-“Se habrá desanimado, debí haber venido la tarde en que le prometí”, pensaba, cuando vio aparecer al niño:
-Señorita, creí que ya no vendría, mis padres están de viaje, enséñeme no mas señorita:
-Bueno, vamos a tu casa, necesito hablar con tus hermanos:
-Ya, vamos; dijo él, caminaron unas cinco cuadras hasta la casa del niño que era pequeña y de adobe, luego salió a la puerta una chica de quince años que gritaba desaforadamente:
-¡Eres un flojo, no has ganado nada durante tres días!:
-No grites, Marcela, voy a aprender a tocar violín:
-¡Haber si el violín te da de comer!, ¡porque yo no!, si no traes dinero, ¡no te doy de almorzar!, ¡aquí todos ponen su parte porque no alcanza!, ¡yo no soy una maga para aparecer dinero en casa!, ¡hasta yo trabajo y también cocino!:
-No he podido lustrar zapatos hoy, tengo hambre, no seas mala:
-¡Eso te pasa por andar perdiendo el tiempo con el violín!, señorita, no tenemos tiempo para sueños tontos, deje de enseñarle a mi hermano, ¿cuánto le debo por sus clases?:
-Nada, muchacha:
-Somos pobres, pero no malcriados; dijo la chica, mientras sacaba dinero de su bolsillo:
-No le he dado ninguna clase todavía, pero si tú quieres, le daré clases para que pueda ganar dinero tocando, así cuando no encuentre trabajo como lustrador, encontrará trabajo tocando:
-No tenemos para pagarle:
-No se preocupen, no les cobraré porque esto es un proyecto, pero debe ir a la plaza a las siete de la mañana, cuando no hay gente para que no pierda trabajo:
-Es un flojo, ¡qué va a poder levantarse tan temprano! ¿Quieres aprender a tocar todavía?:
-Si, ¡quiero, quiero!, dijo Marcelo entusiasmado:
-Si no va a las siete, no le enseñe ese día, que aprenda a ser responsable:
-No te preocupes, así será: dijo Celeste y siguió su camino buscando más niños a quienes enseñarles, pero no encontró a nadie, las cosas eran más difíciles de lo que había pensado y se quedó preocupada por aquel niño, pues no sabía si esa tarde comería o no.
En los días sucesivos, le daba clases de violín y le invitaba algo de comer, para que pudiera sostenerse en la mañana, también le daba algunos consejos de cuando en cuando, para que no se metiera en líos y para cuidarse en las calles, no desistió de su labor, a pesar de los reclamos de Bernardo, quien se quejaba amargamente por no tener a su esposa en casa a la hora del desayuno, a lo que ella respondía:
- Ya comencé con esta labor, no puedo dejarla a la mitad, podemos desayunar a las seis o seis y media.
Tanto era el descontento de Bernardo, que Celeste evitaba verlo por la mañana, para no tener que discutir con él del mismo asunto, pero un día la situación era ineludible, se paró en la puerta, obstaculizándole la salida:
-Se me hace tarde, déjame salir; suplicaba ella:
-¡Es tu deber desayunar con tu marido!:
-Te prometo que a las ocho, estoy aquí:
-¡El desayuno es a las siete!:
-Si viviéramos en una ciudad grande, tal vez desayunaríamos a las seis, por motivos de trabajo, se comprensivo, tu horario de trabajo es flexible:
-¡Pero almenos trabajo, tú te dedicas a un sueño tonto!, ¡pierdes el tiempo!, gritó, mientras la asía con fuerza de los brazos:
-¡Suéltame, me lastimas!, exclamó y Bernardo la llevó cargada hasta el dormitorio, la colocó en la cama y cuando se disponía a cerrar la puerta, ella de un brinco se le adelantó, salió corriendo de la habitación y casi en un abrir y serrar de ojos se vio en la calle, sin que Bernardo pudiera detenerla llegó a su destino.
La situación en casa de los recién casados se ponía cada vez más insostenible, Leonela azuzaba a su hermano para que hubieran más peleas con Celeste quien ya estaba cansada de su cuñada por lo entrometida, imprudente, el mal tacto que tenía para tratar y su gran deseo de controlarlo todo a su regalado gusto, todas esas eran cosas que no sólo la hacían antipática ante Celeste si no ante las pocas personas del pueblo con las que había tratado, era como si tuviese dos personalidades, una mala y la otra peor, ya sea por superstición o por herencia sin duda tenía la forma de ser de sus dos tías, Leonela y Belinda de las cuales llevaba el nombre como un sello familiar que definitivamente marcó también su alma, así es que Leonela Belinda aunque muy amada por sus familiares resultaba un desastre para el resto de la humanidad a quienes parecía mirar con desprecio, por enzima del hombro como si se creyera superior a todos, era abismal la diferencia que hacía entre su familia y el resto y es que nadie está obligado a querer a todos por igual como un filántropo pero tan poco está bien tratar maravillosamente a un hermano ignorando por completo a los demás presentes sin siquiera saludarlos por un poco de respeto y educación.

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