Alonso siguió caminando y al no encontrar la casa que estaba buscando sacó su laptop y verificó la dirección, calle dos m siete, a espaldas de la plaza, una casa blanca de un piso pero nadie atendía la puerta así que se fue a dar un paseo por la playa, en dirección al oeste.
Cuando salió de la calle tres pasó por las casas de adobe que a diferencia de las de semento estaban distanciadas entre si, siguió por un camino recto de tierra que estaba en medio de los cultivos de arroz y vio un regadío que era como un riachuelo en donde nadaba Rodrigo que a ratos no se dejaba ver por las plantas que estaban al borde del mismo.
Siguió al niño que al final del regadío se lanzó por la catarata de agua saltando por la compuerta a la arena de la playa:
-¡eso es muy peligroso! Exclamó Alonso y Rodrigo se rió como si nada.
Después de llegar a la orilla del mar Alonso caminó largo rato, la playa era solitaria e inspiradora, ahora entendía porqué algunos abandonaban la ciudad para vivir en ese pueblo.
De pronto vio una imagen inconfundible, era una mujer hermosamente esculpida por la naturaleza, con un vestido rojo, el cabello Lazio, negro y sedoso que caía como cascada hasta su cintura y parecía caminar en el aire, sin proponérselo sus movimientos eran delicados como los de un cisne, definitivamente era ella, Alonso estaba convencido y la llamó:
-Celeste, Celeste:
-¡alonso! Exclamó ella cuando lo vio:
-es una linda sorpresa; prosiguió:
-vine trayéndote el violín que me encargaste por correo, todo hubiera sido más rápido si me escribías por Internet:
-si amigo pero aún no han puesto Internet aquí, están en eso:
-al paso que va la gente de este pueblo van a poner Internet cuando ya no existan las computadoras sino otro tipo de sistema, jaja, no te preocupes, eres de familia longeva así que verás cuando tus bisnietos usen la Internet para comunicarse con la gente del pueblo:
-jajaja, no exageres:
-de veras, amiga, por cierto, ¿Dónde vives?:
-en cualquier lugar en donde haya oxígeno Alonso:
-no has cambiado nada, aunque más parece que vives en la playa porque no te encontré en tu casa, que bien, así me gusta, nunca te dejes pisar:
-eso depende a que tipo de pisadas te refieres:
-¡me sorprendes! Jajaja, ya te hacía falta dejar la candidez, el matrimonio te ha sentado bien:
-claro que si, amigo Froy, digo Alonso:
-jajajaja, está bien, esa chapa me gusta, ¿recuerdas cuando hablaba de sexo en el conservatorio para incomodarte? Quería que te rasgues las vestiduras como toda una santa:
-si, pero no me incomodabas de la manera en que se incomodaría un santo, por un momento pensé que eras medio degenerado, jaja, esque hablabas de la necrofilia, ¡que asco!:
-¿no me habrás creído? ¿O si?:
-al final no:
-que ingenua eras:
-no, sólo era discreta:
-hay, por favor, si parecía que no sabías como se hacían los hijos, jajá jajá, tenías una mirada tan inocente y nunca te escuché decir una grosería:
-en estos tiempos es imposible que alguien no sepa de esas cosas, si no nos las enseñan en el hogar nos las hacen conocer en el colegio o en la televisión, ya nadie se escandaliza al escuchar esos temas, todo es más natural, estudiamos en colegios mixtos y los hombres ya no andan al asecho detrás de las mujeres, ahora es falso ese dicho de que las amistades entre hombres y mujeres son imposibles, somos más civilizados que antes:
-en eso tienes razón.
En estas y otras conversaciones se les pasaron dos horas, Celeste volvió a sus días de estudiante y casi llora de emoción cuando Alonso y ella tocaron frente al mar un dúo de violines, las olas parecían acompasar aquellas melodías tan enternecedoras.
Esa música suave, sutil pero a la vez profunda acariciaba la tarde con la complicidad del viento que dirigía el vaivén del océano cual director de orquesta y alguna que otra gaviota se quedaba escuchando el sonido de los violines, aquella tarde fue mágica pero todo tiene su final y cuando terminaron de tocar fueron a casa de Celeste.
Mientras tanto en casa de don Dimas había una gran algarabía, doña Narda, la suegra de Cati volvió de su viaje con sus dos hijas y recibieron con alegría la nueva noticia.
Se decían muchas cosas en torno al niño que iba a nacer y no faltaron las reflexiones de don Dimas, detalladas y exageradas, un poco más y escribía toda la historia de su nieto o nieta:
-en este mundo corrompido los niños deben ser constantemente custodiados, te ha tocado una ardua labor, Cati, debes guiarlo por la senda del bien y no dejar que se contamine, recurre a Celeste, ella sabrá aconsejarte, es una santa esa noble mujer y ¡que lindo toca el violín! Alguien que toca ese tipo de música tan limpia, sin nada de malicia sin duda trae algo muy bueno en su alma, ella puede ser su maestra, no necesitas llevar al niño a la escuela donde sabe Dios que malas mañas aprenderá y cuando crezca, ¡que difícil! Hay que ir haciendo planes desde ahora para evitar que se contamine, que no sea como los niños descarriados que hay en este mundo por causa del descuido de sus padres, Cati, tú misma tendrás que reformarte:
-¡¿cómo?! Exclamó la joven molesta cuando tocaron la puerta, era Roberto, su esposo que llegó de manera oportuna cortando la retahíla de don Dimas y evitando de esa manera que hayan problemas.
La pareja se alegró mucho al verse y se fueron a descansar, una vez solos Cati notó que Roberto había bebido y comenzó a llorar:
-nunca habías llorado por eso:
-¿qué voy a hacer cuando mi hijo sufra con un padre borracho? le darás mal ejemplo:
-todos toman, mujer, no tiene nada de malo:
-quiero que mi hijo vaya a la universidad, que sea más que nosotros, ya no tomes; decía llorando.
Roberto la amaba y le dijo que dejaría el licor, mas del dicho al hecho hay mucho trecho y él tomaba casi diario.
Ase mucho tiempo que Celeste no veía a un amigo y se sentía tan a gusto al conversar con alguien, el atardecer junto con el olor del café le trajeron buenos recuerdos, Alonso era el mismo joven alegre pero ahora era una persona realizada, trabajaba como director de la orquesta sinfónica de Lima y había compuesto varias piezas musicales, estaba buscando una beca para Italia, al igual que Celeste deseaba irse a Viena, la cuna de la música académica, ella pensaba que su amigo iva a lograrlo:
-Celeste, tú también busca la manera de irte a Viena, allí valoran el arte, a Bernardo también le iría de maravilla, convéncelo:
-no creo que quiera, le gusta la vida del pueblo:
-allí podrían vivir en un pueblo tranquilo pero con todas las comodidades y también tocarías en una orquesta, no pierdes nada hablándole:
-si, lo intentaré; dijo ella:
Cuando Leonela llegó se escandalizó al ver que Celeste estaba en la casa con un amigo e inmediatamente fue a buscar a su hermano, caminó un rato hasta que lo encontró en la tienda:
-¡Bernardo! ¡Celeste está con un hombre! Exclamó y él salió corriendo camino a la casa:
-Bernardo, se olvida lo que compró, ¡Bernardo!; gritó doña Chela pero él no la escuchó, salió tan contrariado de la tienda que tropezó con la vereda de forma tal que cayó al suelo, el golpe lo calmó un poco menguando su ira y llegó a la casa con la rodilla ensangrentada, estaba decidido a pelear con Celeste pero al ver a Alonso se contuvo:
-¡Bernardo! Es un gusto verte; dijo contento y él no salía de su asombro, después de mucho tiempo volvió a ver a Alonso, el violinista que tocó en su primera exposición de escultura, aquel amigo que le consiguió trabajo por un tiempo mientras era estudiante:
-es de muy mal gusto que una mujer casada reciba a un amigo en su casa; dijo Leonela enojada, incomodando al invitado:
Alonso, te presento a mi hermana, Leonela, él es el amigo del que tanto te hablé; dijo Vernardo y ella hizo un gesto desplisente, Celeste no sabía en donde meter la cabeza, estaba bastante avergonzada:
-¿cómo estás? Me alegra verte; dijo Vernardo y Leonela se fue de la sala al sentirse ignorada, no cabía en si misma de cólera.
Pensaba que su hermano debería ser más duro con Celeste, que no hizo bien al permitir que haga entrar a un amigo a la casa cuando él no estaba:
-debo abrirle los ojos a mi hermano, ¡esa estúpida hace lo que le da la gana! Pensaba totalmente airada.
Cuando terminaron de tomar café Alonso se instaló en el hotel del pueblo y durmió plácidamente, como hace mucho tiempo no dormía.
Al día siguiente Marcelo recibió su violín con emoción y en los días sucesivos mejoró notoriamente en su ejecución, Celeste, Alonso y Marcelo prepararon una pequeña presentación en la plaza, el niño tocó dos canciones y los violinistas por supuesto fueron las estrellas, hubo más público de lo esperado, sobretodo algunos burlones que querían ver al lustradorsito de botas haciendo el ridículo pero para sorpresa de todos el niño quedó bien, todos estaban sorprendidos de que en tan poco tiempo hubiese aprendido a tocar algo en un instrumento tan difícil, se requiere tener un excelente oído ya que el violín no tiene trastes como la guitarra, ahora aquel niño mal vestido era considerado un niño talentoso.
Lucía estaba feliz y lloraba de emoción al escuchar como su hermano tocaba junto a su maestra, esas canciones sencillas se escucharon bellas gracias a la magia de la armonía, la niña comenzó a pensar que su hermano tal vez podía ser un buen músico y en un instante lo imaginó en un teatro, algo inalcanzable para ellos, en el pueblo apenas había un salón en donde se hacían las asambleas de la alcaldía con sillas de plástico que regaló la cervecería, después volvió a la realidad y pensó:
-un teatro, no, imposible, tendríamos que viajar a Lima y eso nunca sucederá pero podrá tocar en la calle y ganar algo más de dinero como dijo la señorita Celeste, algo es algo, será mejor no soñar tanto.
Los días que Alonso pasó en el pueblo se fueron rápido, tuvo que regresar a Lima pero prometió volver y contactarse con un amigo que estaba trabajando en una empresa que colocaba Internet, realmente deseaba que los habitantes de ese pueblo se modernicen.
*
Hasta el propio Vernardo se estaba cansando de las actitudes de su hermana, la gota que colmó el baso fue cuando Leonela se puso a escuchar detrás de la puerta del dormitorio de la pareja, cuando él la encontró se enfureció:
-¡¿por qué escuchas mis conversaciones privadas?!, ¡estás invadiendo mi privacidad, mi casa!:
-fue casualidad:
-¡no puede ser casualidad dos noches! ¡Mejor será que te vayas!, ¡si es posible hoy mismo, hoy!, ¡sólo me has traído problemas!:
No seas ingrato, cuando la floja de tu mujer salía yo arreglaba la casa; dijo ella entre sollozos:
-si y ¡tiraste a la basura una escultura mía a medio terminar!, ¡alista tus cosas y vete ya!, ¡vete antes de que las cosas empeoren!, ¡antes de que reniegue de ser tu hermano!, no sabes lo que me ha costado hacer esa escultura, ¡todo un año de trabajo a la basura!.
Leonela no tuvo otra alternativa que alistar sus cosas e irse esa misma mañana en el primer carro con destino a Lima para alivio de Celeste que se sintió feliz de no encontrarla en casa.
El viaje fue pesado para ella pero lo peor fue no poder quedarse en la casa de su prima porque ya tenía visitas aunque más parecía que usaron esa escusa para no hospedarla y tuvo que irse a Arequipa.
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