poesia,narrativa,arequipa,peru,literatura,prosa,versos,cuentos esperanzagomezcornejoescritora: Sinfonía en el mar capítulo seis esperanzagomezcornejoescritora

esperanzagomezcornejoescritora.blogspot.comBuscar este blog

domingo, 16 de diciembre de 2012

Sinfonía en el mar capítulo seis

Capítulo 6

Marcelo fue desganado como nunca a su clase de violín, tenía los ojos rojos de haber llorado, al ver esto Celeste se preocupó por él:
-cuéntame pequeño, ¿qué te ocurre? Preguntó luego:
-no se leer, señorita Celeste, no se leer; dijo Marcelo llorando y ella lo abrazó:
-¡debí pensar en eso! Sólo me preocupé en enseñarle música, pensó en silencio:
-cálmate pequeño, es fácil aprender, te enseñaré, dijo luego pero el niño lloró más:
-ya no llores:
-esque no debí decírselo, no debo andar por allí de pedilón, ya le he dado mucho trabajo.
Al oír estas palabras Celeste se quedó sorprendida, aquel niño no le estaba pidiendo juguetes, quería aprender a leer y se sentía avergonzado por desear que alguien le enseñe:
-ve a la escuela entonces, allí te enseñarán:
-ya fui y no me aceptaron porque no se leer, debo esperar al próximo año:
-mienttrastanto yo te iré enseñando:
-no, le estoy dando mucho trabajo; dijo él intentando calmarse:
-lo que pasa pequeño, es que cada vez estás aprendiendo cosas más difíciles en el violín y necesito que aprendas a leer, así se me hará más fácil enseñarte, dijo ella intentando convencerlo pero no pudo, Marcelo seguía sintiéndose mal por dar tanto trabajo:
-ya deja de preocuparte, entonces entrarás al colegio al próximo año; dijo y cuando el niño se sintió aliviado comenzó la clase.
Mientras tanto Cati la esperaba en su casa con ansiedad, necesitaba hablar con ella, no tenía a nadie en quien confiar para algo así, doña Chela era una buena compañera de charla mas no muy juiciosa para dar consejos y lo peor era que cualquier cosa que le contaran se esparcía como el viento por todo el pueblo sufriendo diversas metamorfosis que transformaban a los sucesos en ideas alejadas de la realidad y en ocasiones tan enredadas que sembraban intrigas:
-¿qué haré, vendrá? Se preguntaba cuando en eso escuchó el timbre, era Celeste que llegó después de dar clases:
-¡pasa! Pensé que no vendrías; dijo Cati con alegría y la invitó a sentarse en el sofá de la sala:
-dime, ¿cómo te sientes?:
-estoy bien pero no se como va a tomarlo mi suegro, no se como decírselo:
-¿decirle qué? Preguntó Celeste:
-¡lo que me ocurre! Realmente me preocupa mucho:
-¿es grabe?:
-tú sabes que la gente es diferente entre si, los valores morales son distintos para cada persona:
-no creo que haya ningún problema al respecto, don Dimas es un hombre bastante moral:
-¡ese es el problema!:
-¿qué?:
-yo no pienso como él, por eso temo que se arme un lío y en mi condición no podría soportarlo:
-vamos, habla ya, me estás alarmando:
Tú sabes que una cosa lleva a la otra, no es la culpa de nadie, son circunstancias de la vida, la gente juzga mucho, prométeme que no se lo dirás a mi suegro ni a nadie hasta que yo te lo diga:
-está bien Cati; dijo Celeste y se arrepintió de haber hecho esa promesa porque tal vez se convertiría en alcahuete, Cati no parecía una mujer ligera pero nadie sabe lo de nadie, además era chismosa y había estado allí la noche en que su esposo la acusó de infiel delante de todos en la tienda tal vez para ocultar con una cortina de humo su desliz, sus aventuras amorosas, ¿quien sabe? Tal vez esto era una trampa. Todas estas cosas intranquilizaron a Celeste quien sintió un pesar por haber sido la buena samaritana pero al mismo tiempo se dio cuenta de que no podía actuar de otro modo:
-¿crees que mi suegro se enoje? Quizás me tache de inmoral:
-¿por un desmayo?:
-no, por la causa del desmayo:
-¡me estás asustando, dime lo que pasa!:
-me siento muy nerviosa, angustiada:
-¡habla ya!:
-tal vez deba irme de la casa, no se como decirle a mi suegro que:
-¿qué? Preguntó Celeste:
-que estoy embarazada.
-¡felicidades Cati!
Fue grande la sorpresa de Celeste cuando Cati en lugar de alegrarse rompió a llorar, le parecía que las actitudes de aquella joven no tenían sentido, que estaba bordeando el límite de la locura:
-cálmate, no es nada grabe, cuanto quisiera yo tener un hijo:
-yo también pero esque tú no conoces a mi suegro, tiene unas ideas más descabelladas:
-ya verás como se alegra tanto con un nieto:
-¡esque tú no conoces a mi suegro!:
-A cualquier persona le gusta pasar su apellido a la siguiente generación:
-¡claro! No se me había ocurrido, podemos abordar el tema de esa forma pero necesito tu ayuda, Celeste:
-cuenta conmigo, ve preparando a tu suegro:
-¿cómo?:
-habla de su árbol genealógico, de lo buena que es su familia, tu sabes, emplea la zalamería; dijo Celeste dejando aliviada a Cati que se puso manos a la obra para el próximo encuentro de ambas con don Dimas.

*
Leonela decidió una mañana que bernardo no debía comer huevos revueltos con jamón seguido y botó a la basura los que le había preparado Celeste por lo cual se molestó:
-¡no debiste hacer eso Leonela!:
-comer grasa seguido hace daño, estoy cuidando tu salud:
-agradezco tus buenas intenciones pero yo ya soy lo suficientemente grandecito como para decidir, el hecho de que seas mayor que yo no te da derecho a mandar en mi vida:
-entonces haz cosas sensatas; dijo ella y bernardo se fue a otra parte porque se sentía fastidiado con sus sermones, pensaba que se había excedido en su papel de hermana mayor y estaba comenzando a hastiarse.
Pero las cosas no quedaron allí, más tarde Leonela reprendió a Celeste por cocinar tantas frituras y le pidió que ya no hiciera huevos revueltos en el desayuno a lo cual ella dijo:
-tu hermano es el que me ha pedido que le cocine huevos revueltos con jamón:
--si, pero el aceite que tú compras es demasiado dañino, deberías usar aceite vegetal:
-me pones en un dilema, bernardo no quiere que use aceite vegetal, no le gusta:
-tú como su esposa no deberías hacer tantas frituras:
-te repito que él es quien quiere comer eso y no le gusta que le digan que hacer:
-es tú deber como pareja sugerirle que no lo haga; dijo Leonela en tono mandón y acusador:
-bueno, díselo tú:
-no puedo, tú eres la llamada a decírselo y por favor no le digas que yo te he dicho esto porque se enoja mucho:
-verán como se entienden ustedes, a mí no me metan en sus asuntos; dijo Celeste enfadada, se disponía a salir de la habitación pero su cuñada la detuvo:
-tu deber como pareja es velar por el bienestar de mi hermano, sugerirle cosas para su bien y el otro día salió a la calle con ese polo de rayas horizontales que le queda tan feo y no hiciste nada para que se lo cambiara:
-le he sugerido que se compre otro polo pero no ha querido:
-¡debiste insistir!:
-¡no puedo obligarlo! bernardo toma sus propias decisiones y yo las respeto:
-¡se nota que tú no te has enamorado de él!:
-¡no eres nadie para decirme eso!:
-¡no te importa que tu esposo haga el ridículo! Lo dejas como sea, no te importa que quede mal:
-estás exagerando:
-se ve muy mal con ese polo a rayas:
-no es para tanto:
-¡claro, no te importa! ¡no lo quieres lo suficiente!:
-le das demasiada importancia a las cosas externas:
-¡nunca te has enamorado! Dijo Leonela enojada, Celeste pensó que no tenía sentido seguir discutiendo por cosas triviales y se fue a la casa de Cati para dejar de escuchar los extraños y descabellados razonamientos de su cuñada sin saber que allí escucharía disparates descomunales.
Don Dimas la recibió con gran amabilidad, casi con aprecio, la consideraba la mejor mujer del pueblo, la más decente de todas:
-¿cómo le va señora Celeste? Le preguntó:
-bien, gracias, como siempre dándole clases a Marcelo, es un niño aplicado y quiere aprender a leer:
-me extraña que uno de los Aguirre tenga deseos de progresar, ha de ser usted la gestora de tan noble labor:
-oh, no es nada, sólo cumplo con mi deber:
-Cati debería seguir su ejemplo, reformar a los niños perdidos:
-un niño es la esperanza del porvenir y más aún si tiene una familia moral como la suya que le enseñe valores:
-si pudiera rescataría a esos niños y los alejaría del mundo para que no se contaminen, no los enviaría a la escuela porque aprenderían las malas mañas de los demás, mejor es que aprendan con maestros particulares en casa:
-eso no, los niños necesitan tener amigos; dijo Cati:
-ya me imagino la clase de madre que serías hija, no, definitivamente la humanidad ya no debería tener hijos, ¡este mundo está corrompido!:
-si se les cría con valores morales serán gente de bien, además no creo que usted quiera que su apellido se pierda, que quede en el olvido:
-¡prefiero eso a que venga un niño al mundo a corromperse!:
-¡entonces que las mujeres embarazadas aborten! Exclamó Cati:
-¡¿qué dices?! ¡Eso nunca!:
-¡oh, no don Dimas! Eso nunca, es pecado, una abominación para Dios, ¡de ninguna manera! Es preferible cargar con la vergüenza que cargar con la culpa de un crimen, de un asesinato; dijo Celeste agradando a don Dimas quien después le dio un sermón de una hora a su nuera supuestamente para hacerla entrar en razón:
-dile a tu suegro acerca de tu decisión dijo Celeste ya cansada de aquel sermón inútil:
-he decidido tener a mi bebé, no abortaré:
-¡gracias Dios mío! ¡La bendición ha llegado contigo a esta casa, Celeste! dijo don Dimas, estaba absorto por el embarazo de su nuera y por lo que según él iba a pasar si la violinista no estaba allí, en el momento indicado y preciso:
Disculpe, señora Celeste, prosiguió:
-no hay problema, llámeme por mi nombre:
-te conviene ser amiga de esta joven, Cati, es una buena influencia para ti y es tan madura para tener veinticinco años:
-hací lo haré don Dimas; respondió Cati y Celeste pensó por un momento que el mundo se estaba loqueando o que ella era la loca más cuerda que existía.
    
*
En  la entrada del pueblo habían algunas casas de adobe y otras de esteras, pequeñas y modestas que abundaban por los alrededores, Alonso había llegado recién y se preguntaba:
-¿cómo es que hay gente que viene a vivir aquí después de haber vivido en la ciudad? Enseguida vio unas casas de semento más asia el centro del pueblo y se dirigió a ellas, casi todas eran de un piso menos la casa de don Dimas y alguna que otra por allí en donde vivían tres o más generaciones y a diferencia de las casas de adobe estaban bien cuidadas, parecían casitas de muñecas y todas tenían tejado, aunque sea sólo adelante porque algunos dueños decidieron utilizar el techo como azotea pero no dejaron de poner tejas solamente para conservar la tradición.
La brisa del mar apaciguaba el calor costeño que era constante todo el año, como en muchos pueblos las calles eran angostas menos la sona en donde estaba el parque y la parte de la plaza que estaba a regular distancia del parque.
Después de caminar durante unos minutos Alonso llegó a la plaza que no tenía nada de particular, era de semento y tenía una pileta pequeña desprovista de agua que estaba al centro de la misma, luego entró al restaurán en donde una joven negra lo atendió:
   -aquí tiene la carta joven, cuando se haya decidido me hace el pedido; le dijo y Alonso luego de leerla pidió un almuerzo que consistía en una sopa y un lomo saltado:
-los almuerzos se sirven a la una, lo siento joven:
-entonces déme sólo el lomo saltado, sin sopa por favor señorita:
-mejor pida otro plato, no podemos darle sólo el segundo porque es parte del almuerzo:
-entonces déme el almuerzo completo, ya son las doce y media:
-no podemos, tenemos que esperar hasta la una:
-entonces esperaré; dijo Alonso sorprendido por las costumbres de ese lugar y esperó hasta la una de la tarde para poder comer.
Cuando terminó de almorzar fue a la fotocopiadora que estaba a unos pasos y salió a atenderlo un hombre como de cuarenta años que le dijo:
-no se manejar esta máquina, espere a mi yerno, ya vendrá:
-¿cuánto demorará?:
-unas horitas nomás, está en un pueblo cercano; respondió y Alonso siguió su camino porque no estaba dispuesto a perder el tiempo.

Esperanza Gómez-Cornejo Bazán

No hay comentarios: