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viernes, 21 de diciembre de 2012

Sinfonía en el mar capítulo tres

Capítulo 3

Celeste salió bastante enfadada de la tienda y al percatarse de eso una clienta le dijo a la tendera:
-señora Chela, ¿qué le ha dicho usted a la esposa del escultor?:
-le dije que no le sea infiel y ella me dijo que le estaba enseñando violín a Marcelo, ¡fíjate, que desvergonzada!:
-¡hó, si!, parece que así son las limeñas, si le contara:
-cuéntame Catita, cuéntame:
-usted sabe lo cucufato que es my suegro, mucho más ahora que se a metido a esa religión y a hecho votos de castidad que por cierto le vienen como anillo al dedo ya que con eso oculta su falta de virilidad bajo la máscara de la espiritualidad:
-bien te vendría que tu suegro se quedara ciego:
 Hó, si, como usted sabe tengo que estender la ropa interior en el cordel y luego taparla con alguna otra ropa para que mi suegro no la vea y se escandalice, está loco de remate, ¡dice que es inmoral que la ropa interior esté exhibiéndose en el cordel!:
-que caballero, ¿cómo hace tu cuñada la limeña?::
-¡fíjese que no usa ropa interior!:
-eso no puede ser:
-si, señora Chela, nunca he visto que ponga ropa interior en el tendedero, ni siquiera bajo otras ropas, un día me moría de curiosidad, sigilosamente revisé sus cajones cuando ella no estaba y ¡no tenían ropa interior, ni una sola trusa!:
-Como dice el dicho Catita, las limeñas se visten bien de afuera, no importa si no les alcanza el dinero para comprarse una trusa:
-debe ser eso, ¡pero si viera!, ¡cómo le gusta conversar con todos los hombres del pueblo!:
-nunca la he visto hacer nada malo pero con lo cucufato que es tu suegro, ya me imagino el lío que se armaría, una vez vino a reclamarme un montón de cosas:
-¿qué cosas?:
-según él yo estoy propiciando la inmoralidad al oponerme a que boten los árboles del parque:
-¿porqué? Eso no tiene sentido, además los árboles dan sombra:
-también sirven como escondedero para las parejas, ¡sabe Dios todo lo que harán entre los árboles!, eso dijo muy enojado, ¡¿cómo ha podido casarse?!:
-porque seguramente vivía frente a un frondoso bosque y cayó en pecado.
Mientras conversaban escucharon que alguien decía casi gritando:
-¡Esa vereda ya estaba rota don Dimas, mis hijos no tienen nada que ver!:
-¡parece que tu suegro tiene problemas!, vamos a ver que pasa; dijo la señora Chela y salieron de la tienda:
-¡no quiero ver a sus niños montando triciclo en la vereda porque la están rompiendo!:
-la vereda no se rompe con los triciclos:
-¡claro que si!, mire esa raya señor Felipe:
-así fue hecha la vereda; dijo Felipe casi riendo y Catita con doña Chela entraron corriendo a la tienda porque les vino un ataque de risa que no pudieron contener:
-ya no nos riamos de mi suegro, es una falta de respeto, jajajajajajaja:
-eres tú la que te estás riendo:
-no podía evitarlo pero ya estoy tranquila:
-Catita, la falta de ocupaciones está loqueando a tu suegro, sería bueno que le den algo en que ocuparse:
-¿se imagina a mi suegro cómo alcalde del pueblo?:
-¡no, ni se te ocurra proponérselo!, volveríamos a la época de las tapadas:
-era una broma, ya no se que hacer, está tan lúcido que no se le puede controlar de ninguna forma:
-¿le llamas a eso lucidez?:
-parece que la lucidez le viene cuando le conviene
-buenos días señora Chela; dijo un niño de cinco años:
-¿qué te doy Benito? Preguntó ella:
-un kilo de ilo, un carrete de arroz, un litro de azúcar y dos kilos de leche:
-jajajaja, es un carrete de ilo; dijo Catita:
-ya, ya, toma; dijo doña Chela y le dio el pedido sin ganas de enseñarle a hablar correctamente pues estaba más interesada en lo que ocurría con don Dimas y despachó rápido a Benito:
-ya ve usted que mi suegro no es el más trastocado del pueblo:
--¿qué hace tu suegra al respecto?:
-nada, ella vive enserrada en su mundo, la pobre siempre tuvo que aguantar su carácter, ha sufrido mucho:
-Así es el amor:
-¡hó, no!, si mi esposo me hace sufrir yo lo dejo, es más, ya le he dicho que si no nos vamos de la casa de mis suegros este año ¡yo me voy!, ya no soporto a mi suegro:
-Actúas de una forma muy liberal, la casada debe estar con su esposo:
-Siempre y cuando no tenga un suegro como don Dimas:
-En eso te doy la razón Catita:
-Señora Chela:
-dime Anita:
-ha venido al pueblo un vendedor llamado Lino, lo encontré conversando con la esposa del escultor y le dije que venga a la tienda:
-seguramente se llama Marcelino, ¿hablaba amablemente con la violinista? Preguntó Catita:
-si, tu sabes que ella es sonriente y carismática:
-debe ser el hombre con el que le es infiel a Vernardo:
-no lo creo Cati, es una mujer correcta:
-no seas ingenua Ana; dijo otra clienta que entraba a la tienda. Se nota que desde que llegó leonela Celeste y Vernardo ya no se llevan bien, es natural que ella se fije en otro, ¡si supieran el lío que tuvieron ayer en su casa, yo de pasadita escuché:
-Elvira tiene razón Anita, eres muy confiada:
-Vernardo es tan duro con ella que parece que le a prohibido que toque el violín, por eso se va en las tardes a tocar en la playa, si quieren vayan a verla, no les estoy mintiendo; dijo Elvira y esa tarde corroboraron lo que contó, encontraron a Celeste tocando, no la vieron porque estaba en las rocas pero la escucharon.
Era un lugar acogedor, Celeste imaginaba que el sonido de las olas era una orquesta y tocaba durante las tardes, en su casa ya no encontraba paz, entre Leonela y Vernardo ya no podía estar tranquila, sólo el celeste sonido del violín y el color del mar la inspiraban.
Si, ella sentía el sonido del violín celeste, las notas de la flauta traversa ligeramente plomas y brillantes, el sonido del clarinete guinda, la voz de Vernardo café, etc. Esto le ocurría porque al igual que Mozar tenía sinestesia, en el mundo de ambos las cosas sin color tenían color.
Catita y doña Chela se acostumbraron tanto a escuchar el violín de Celeste en la playa que al no oírlo una tarde fueron a preguntar por ella a su casa con la escusa de que tal vez tenían un alumno para ella:
-lo que pasa Vernardo, es que mi suegro necesita algo en que ocuparse, leí en una revista acerca de lo buena que es la música para la mente:
-Mi esposa no está pero le diré que vinieron a buscarla:
-Muchas gracias:
-No, al contrario, gracias a ustedes, cuenten conmigo; dijo Vernardo en tono amable, con una expresión tan gentil que ambas comenzaron a pensar que Celeste tenía la culpa de las peleas, era difícil de creer que un hombre tan agradable fuese el malo de la película, peor aún cuando vieron a la violinista saliendo del pueblo con Lino el vendedor, esa fue una noticia que se divulgó rápidamente:
-vaya a la izquierda y en el primer pueblo que encuentre podrá comprar cobertura de chocolate; dijo Lino cuando hubieron salido del pueblo:
-gracias, hasta luego; dijo Celeste y cada uno siguió su camino.
En la tienda comentaban que Celeste tenía un amante que era vendedor y que cuando él llegaba se veían a escondidas. Al oír esto Vernardo se alarmó y comenzó a estar pendiente de los vendedores que llegaban a dejar mercadería a la tienda pero ninguno se encontraba con Celeste, su obsesión hizo que la falta de evidencias acrecentara sus dudas y se tornó más iracundo:
-¡si la encuentro con un amante la arrastraré de los cabellos hasta la casa!; pensaba mientras tocaba la puerta.
 Después de un rato Leonela abrió y él sintió el olor a chocolate de cada mañana:
-que bueno que llegas, te invito una chocoteja, el negocio está yendo bien:
-¿y los vendedores?:
-masomenos, no traen cobertura, por eso compré bastante:
-¡Deberías comprar todo de una sola vez!:
-No puedo hacer eso con el manjar, se malograría:
-Lo que quieres es tener excusas para salir:
-Ni siquiera había pensado en eso, ¿Qué te ocurre? No tiene nada de malo que salga, ya te he dicho mil veces que no dejaré mis proyectos; dijo Celeste y cuando terminó de envolver las chocotejas salió a venderlas, en la tarde se fue a la Playa como siempre mientras Vernardo no cabía en si mismo de pura cólera, estaba perdiendo terreno, su esposa se estaba convirtiendo en un muro impenetrable.

*
Las cosas cambiaron rotundamente para Celeste, atrás quedó aquel pueblo costeño, la tendera entrometida y el escultor, atrás quedaron las palabras hirientes de Leonela desde la tarde en que se fue a escondidas con Johann, la vida era dura a su lado pero no se arrepentía porque se sentía amada:
-Ya tienes varios hijos de tu difunta esposa a los que yo cuido, no sabes lo agotada que me siento, esperemos a que crezcan para tener un hijo:
-Nada me haría tan feliz que tener un hijo tuyo, te amo Celeste, ¿porqué no lo entiendes? Dijo él:
-Ase tanto que dejé de dar conciertos, me siento tan bacía, me gusta enseñar a tocar a tus hijos:
-eres la mejor maestra, no se que haría sin ti, me ayudas tanto transcribiendo partituras:
-Me agrada apoyarte pero, ¿qué de mi? Vivo postergando mis sueños; dijo ella, él la tomó en sus brazos mientras pensaba en silencio:
-encontraré la manera de que mi amada vuelva a dar un concierto, escribiré un método para que aprenda a tocar piano, ella se lo merece porque gracias a su vocación de maestra mis niños tocan violín.

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