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domingo, 16 de diciembre de 2012

Sinfonía en el mar capítulo ocho

Capítulo 8

Todo el pueblo se enteró de que Leonela se había ido, en la tienda comentaban muchas cosas:
-es raro que se haya ido de un momento a otro; dijo Elvira:
-dicen que se fue con lino el vendedor; dijo Casilda:
-puede ser, un día la vi sonreír, de hecho que está enamorada; dijo doña Chela:
-¡que bueno! Porque era una amargada:
-hay, pero lo que hiciste Casilda, amarga a cualquiera:
-¿qué ice?:
-corriste el chisme de que Celeste tenía un amante:
-es que parecía, Elvira, ella sale mucho:
-tienes razón, eso amarga a cualquiera, más aún a una mujer enamorada, debe ser feo que tu cuñada sea tu rival, peor aún tratándose de alguien como ella que no tiene tantas oportunidades de conseguir un novio:
-no es fea:
-Elvira, si ella fuese fea ni siquiera tendría familia:
-jajajajajajajajaja, ¡Casilda!:
-con ese carácter y enzima fea, sería imposible de soportar:
-no sea mala:
-si hija, llegó el momento en que yo rogaba para que no viniera a la tienda, Vernardo tiene sus arrebatos pero ella se pasaba de la raya, si les contara:
-cuéntenos doña Chela, cuéntenos; dijeron las jóvenes y la tendera empezó su relato:
-Leonela  siempre estaba molesta, no había día en que dejase de reclamar algo, una mañana vino a devolver los huevos que su hermano había comprado porque eran blancos y según ella alimentan menos que los otros, no se si sea cierto pero el granjero me vendió esos, se le agotaron los otros y por más que se lo expliqué ella no quiso entenderlo y los tiró en el mostrador ensuciándolo, quería que le devuelva el dinero pero no lo hice, ¡de ninguna manera iva a ceder a sus caprichos! Y después de semejante escena se quejó con algunos de que yo no era amable:
-Entiendo que se sienta aliviada por su partida, conmigo no era así de explosiva pero tenía otros defectos que me irritaban:
-¿qué tipo de defectos Elvira?:
-es el tipo de persona que le gusta estar criticando y corrigiendo todo, le dijo a mi madre que siempre hacía lo mismo para vender, pues toda la vida preparaba mazamorra morada, le preguntó si su cerebro no le daba para más en la cocina:
-¡guao, es el colmo de la imprudencia! Menos mal que tu madre es una persona sosegada y toma las cosas de quien vienen, mi novio no es así, ustedes saben que su apodo es caballo, por su forma de caminar y la necia de Leonela le preguntó el porqué de su apodo a lo cual Bladimir le dijo que dejara de faltar el respeto a los demás y que metiera algo en su cerebro, la situación fue tan incómoda que tuvimos que irnos de la asamblea:
-claro, por eso Casilda y Bladimir no estuvieron cuando hablamos acerca de la posibilidad de poner una cabina de Internet en el pueblo:
-sería maravilloso, podría comunicarme con mis hermanos y amigos, tal vez ellos sepan de algún médico que quiera operar a Bladimir para que pueda caminar bien:
-hasta tú podrías averiguar muchas cosas y quizás contactarte con médicos, la Internet es uno de los mejores inventos; dijo Elvira.
En eso una mujer de setenta años entró a la tienda, no tenía apuro así que esperó que terminaran de conversar, un hombre anciano de mirada sabia entró después y los ojos de ella se quedaron fijos en los suyos:
-nunca lo había visto, ¿usted no es de aquí?:
-no señora, recién llegué ayer:
-Dígame doña Gertrudis, ¿qué le doy? Dijo doña Chela interrumpiendo ese momento tan importante para ella:
-déme un kilo de azúcar; respondió ella:
-¿usted qué llevará señor?:
-nada; dijo el anciano y después de intercambiar algunas palabras con doña Chela los dos ansíanos se fueron de la tienda cada cual a su lugar.  
Celeste le estaba enseñando a leer a Marcelo de una forma disimulada:
-Aquí dice piano, eso quiere decir que debes tocar despacio, la p con la i suena pi, con la a suena pa, ¿cómo sonaría la p con la e?:
-el sonido sería pe señorita:
-¡muy bien! Aprendes rápido, ahora te dejaré un libro de música para que estudies; le dijo y le dio un libro de teoría musical que Marcelo podía leer en parte y le pidió a Lucía que lo ayudara con el resto:
-La negra vale un tiempo, la corchea vale medio tiempo; leía la niña. Haber toca una corchea hermanito; prosiguió y en eso escucharon llegar a Marcela, rápidamente escondieron el libro entre los colchones de la cama y Lucía volvió a su costura:
-¿qué hace aquí Marcelo? Preguntó Marcela:
-acaba de llegar; dijo Lucía:
-espero que hayas ganado algo hoy:
-gané cinco soles y cincuenta séntimos por tocar una canción:
-por fin el violín está dando sus frutos, que bueno; dijo la chica y se fue a la cocina, Lucía respiró aliviada, un poco más y su hermana los encontraba con las manos en la masa o mejor dicho en el libro.
Marcela trataba de hacer las cosas bien pero sus cortos quince años no le daban la sabiduría que necesitaba para sacar adelante un hogar, era demasiado estricta en cosas que no debería y no se daba cuenta de las cosas alarmantes que estaban ocurriendo con Rodrigo, la mayor parte del tiempo no llegaba a almorzar, ella pensaba que era lo suficientemente independiente como para arreglárselas solo y no le daba mucha importancia a su actitud, más renegaba si Marcelo pasaba mucho tiempo con el violín dejando de trabajar y cuando Pablo y José se dedicaban a jugar al trompo en lugar de ir a vender refrescos, definitivamente Marcela no estaba enterada de lo que estaba pasando, incluso les decía a sus hermanos que deberían seguir el ejemplo de Rodrigo que era independiente y no daba problemas, claro, después del incendio en la vereda ya no podía decir lo mismo porque sus hermanos se lo recordaban con insistencia, la buena imagen de Rodrigo se había ido al suelo para todos, para Marcela no tanto pero ya no era alguien a quien se pudiera poner de ejemplo.
Cati estaba bastante susceptible por el embarazo y coincidentemente Roberto había comenzado a beber más seguido, gran parte de lo que ganó trabajando en los otros pueblos como carpintero y en las chacras lo gastó en licor, a pesar de las promesas sinceras que hizo las cosas seguían iguales, la gota que derramó el baso fue cuando una noche llegó ebrio y se molestó tanto con Cati que rompió una silla:
-¡me voy, no quiero vivir con un hombre así! Es imposible:
-¡Roberto! ¡¿Qué pasa?! Hijo; dijo doña Narda alarmada:
-cati se va, jajajajajajajajajaja:
-¡no, está embarazada!:
-ya oyó señora, no le importa su hijo ni yo; dijo Cati llorando:
-espérate hijita, no te precipites, está borracho:
-Por eso me voy, ¡mírelo! Me prometió que dejaría de tomar y sigue con el visio, gastó todo el dinero que era para el bebé y el parto:
-te entiendo Cati, se que no está bien lo que hizo, mañana hablaré con él pero ahora mejor descansa, no es bueno que te desveles en tu estado:
-está bien doña Narda; dijo la joven y se fue a dormir.
-podemos acampar aquí, ahora entiendo porqué te gusta venir a las rocas, es un lindo lugar, la espuma del mar resalta en la oscuridad de la noche:
-si, imagino que el mar es una orquesta mientras toco el violín:
-toca algo para mi por favor; dijo él y ella tocó una pieza romántica que enterneció a Vernardo, después se quedaron abrazados largo rato, aquella noche fue inolvidable porque sus corazones latieron juntos de nuevo, junto al mar.
A la mañana siguiente Cati no estaba, se había ido como lo prometió, dejó una nota que Roberto leyó y con desesperación les pidió ayuda a sus hermanas para ir a buscarla:
-¡cállate! ¡Tú tienes la culpa! Pobre Cati, no le digas nada a nuestro padre, harás que la odie injustamente, tú has ocasionado esto; dijo una de sus hermanas:
-Hilda, ella es la ingrata, vengo a quedarme después de tanto trabajar y me paga tan mal, abandonándome:
--anoche viniste borracho, hiciste un escándalo, tu esposa está embarazada, no debes darle disgustos, es desconsiderado de tu parte, ¡rompiste una silla! Pobre Cati:
-no recuerdo nada; dijo Roberto sorprendido:
-ojalá sea verdad:
-tú sabes que no soy mentiroso:
-si pero los vicios cambian a la gente y tú estás enviciado:
-eso no es cierto:
-desde que llegaste te he visto tomar todos los días, estás repitiendo la misma historia de mi padre, ahora recién se le ha dado por no tomar, por su salud, en buena hora pero el daño ya está hecho, pobre nuestra madre, ¡Cuánto ha sufrido! No hagas lo mismo:
Al oír esas palabras a Roberto se le vinieron a la mente algunos sucesos de su infancia.
Los hombres del pueblo se habían reunido para jugar un partido de fútbol en la cancha deportiva de la alcaldía y no faltaron las cervezas que ivan y venían, la reunión se prolongó hasta la noche, doña Narda quería irse porque sus hijos eran pequeños pero don Dimas no le hacía caso:
-vámonos papá tengo frío y sueño; dijo Roberto y su padre lo empujó:
-¡no sabes criar a tus hijos! Quieren fiscalizar a su padre, ¡que niño tan irrespetuoso! Gritó luego y doña Narda no hizo otra cosa que agachar la cabeza mientras Roberto lloraba asustado.
Luego recordó la ocasión en que su padre ebrio renegó cuando doña Narda le pidió que vayan a la casa porque quería entrar al baño, fue humillante porque le dijo:
-¡que fregada eres! ¡¿Quieres que te fabrique un inodoro?!  A la próxima te traigo un basín para que no andes de quejona.
¡Ho no! ¡Roberto no podía ser tan malo! Esa idea lo estremeció, amaba a su esposa y salió a buscarla con Hilda.
La encontraron en el terminal esperando el carro que la llevaría a Lima, no tuvo tiempo de alistar todas sus cosas así que llevaba sólo un maletín pequeño:
-¡Cati, mi amor! Exclamó Roberto:
-¡vete, no quiero verte!:
-perdóname, todo va a cambiar, es enserio; suplicaba él realmente arrepentido pero ella no le creyó y subió al ómnibus dejándolo descorazonado.

Autora Esperanza Gómez-Cornejo Bazán 

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